Reflexiones sobre la Tragedia en Chihuahua PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Dr. César Mella, psiquiatra   
Viernes 22 de Mayo de 2015 08:55

El pequeño Christopher, de 6 años de edad, fue asesinado por adolescentes cuando "jugaban al secuestro"; sumergidos en el violento juego, lo asfixiaron, lapidaron, apuñalaron y enterraron.

Nos preguntamos asombrados: ¿qué esta pasando en este país? Al ver las atrocidades que ya son cotidianas en la noticias, y al mismo tiempo nos confortamos liberándonos cómodamente de la resposabilidad de actuar culpando siempre a nuestro Gobierno de toda la inseguridad que se vive en las calles.

Este país está sumergido en una era delictiva, generada y participada principalmente por gente joven.

Yo me preguntaría y plantaría la siguiente pregunta: ¿Cómo eduqué o estoy educando a mis hijos?, ¿qué valores inculco o inculqué a mis hijos?

A los jóvenes de este siglo hay que llamarlos varias veces en la mañana para "llevarlos" a la escuela y digo llevarlos porque no tienen que tomar el camión o caminar para llegar a ella.

Se levantan generalmente irritados, pues se acuestan muy tarde viendo el cable, jugando videojuegos, hablando o mensajeando por teléfono o conectados a internet.

No se ocupan de que su ropa esté limpia y mucho menos en poner un dedo en nada que tenga que ver con arreglar algo en el hogar.

Tienen los últimos juegos del mercado, ipods y computadoras, y cada día hay que actualizarles... Idólatran a sus amigos y a los falsos personajes de los realitys de MTV, ¡ah! Pero viven poniéndoles defectos a sus padres, a los cuales acusan a diario de que sus ideas y métodos están pasados de moda.

Se cierran automáticamente a quien les hable de ideologías de moral, honor y buenas costumbres, y mucho menos de religión, pues lo consideran aburrido y "ya lo saben todo".

Nos asombramos porque los sicarios cobran cuotas sin trabajar por ellas cuando a nuestros hijos los acostumbramos a darles todo, inclusive su cuota semanal o mensual sin que verdaderamente trabajen por ella, y aún se quejan porque "eso no me alcanza".

Si son estudiantes siempre inventan trabajos de equipo o paseos de campo, que lo menos que uno sospecha es que regresarán con un embarazo, habiendo probado éxtasis, coca, mariguana o cuando mínimo alcoholizados.

Y cuando les exiges lo más mínimo en el hogar o en la escuela, lejos de estar agradecidos te contestaran: "yo no pedí nacer", "es su obligación mantenerme" o "quién les manda a mis padres andar de calientes".

Definitivamente estamos mal, pues el que hagan su vida independiente se aleja cada vez más, aún el día en que se gradúan y consiguen un trabajo hay que seguir manteniéndolos, pagándoles deudas, servicios y hasta los partos de sus hijos.

Con lo anterior me refiero a un estudio que indica que este problema es mayor en chicos de la sociedad de clase media o media alta (o de capas medias urbanas), que bien pudieran estar entre los 14 y los 28 años, si es correcto 28 años o mas ¿lo pueden creer?, y que para aquellos padres que tienen de dos a cuatro hijos constituyen un verdadero dolor de cabeza.

Entonces, ¿en qué estamos fallando?

Yo sé que dirán que los tiempos y las oportunidades son diferentes, pues para los nacidos en los años 40's y 50's, el orgullo reiterado es que se levantaban de madrugada a ordeñar las vacas con el abuelo, que tenían que ayudar a limpiar la casa, no se frustraban por no tener vehículo, andaban a pie a donde fuera; siempre lustraban sus zapatos, los estudiantes no se avergonzaban de no tener trabajos gerenciales o ejecutivos, y aceptaban labores como limpiabotas y repartidores de diarios.

Lo que les pasó a nuestras generaciones es que elaboramos una famosa frase que no dio resultado y mandó todo al diablo: "¡Yo no quiero que mis hijos pasen los trabajos y carencias que yo pasé!".

Nuestros hijos no conocen la verdadera escasez, el hambre. Se criaron en la cultura del desperdicio: agua, comida, luz, ropa, dinero.

El "dame" y el "cómprame"' siempre fueron generosamente complacidos, convirtiéndolos en habitantes de una pensión con sirviente y todo incluidos, que después queríamos que funcionara como un hogar.

Es alarmante el índice de divorcios que se está generando, se marchan al exterior a la conquista de una pareja y vuelven al hogar a los cuantos meses divorciados porque la cosa "les aprieta", ninguno de los dos quiere servir al otro en su nueva vida y como nunca batallaron en su pensión con sirviente incluido, a las primeras carencias en su nuevo hogar avientan el paquete y regresan a casa para que mamá y papá continúen resolviéndoles la vida.

Este mensaje es para quienes tienen hijos pequeños y pueden todavía moldearlos, edúquenlos con principios y responsabilidades, háganles el hábito del ser agradecidos. Háganles el habito de saber ganarse el dinero, la comida, la ropa, el costo de la estancia en la casa, de la cual no aportan para el pago de servicios; háganles saber lo que cuesta cada plato de comida, cada recibo; háganles comportarse como si estuvieran de visita en casa ajena.

Por ese domingo o cuota semanal o mensual pongan los fines de semana a lavar los carros; limpiar la casa, "no su cuarto", éste debe ser obligatoriamente limpiado siempre sin ningún pago a cambio. Háganles la costumbre de limpiar sus zapatos, que paguen simbólicamente por todo lo que gratuitamente reciben. Implántenles la ideología de ameritar una especie de beca escolar que ustedes pagan y por la que ellos no dan ni un centavo, eso puede generar una relación en sus mentes "trabajo=bienestar".

Todos los niños deben desde temprano aprender a lavar, planchar y cocinar para que entiendan la economía doméstica en tiempos que podrían ser más difíciles.

Cuida lo que ven y ves con ellos en la television, evita caer en el vicio social llamado telenovelas. Los videojuegos violentos, la moda excesiva y toda la electrónica de la comunicación han creado un marco de referencia muy diferente al que nos tocó.

Estamos comprometidos a revisar los resultados de "si fuimos muy permisivos" o si sencillamente hemos trabajado tanto que el cuidado de nuestros hijos queda en manos de las empleadas domésticas y en un medio ambiente cada vez más deformante.

Ojalá que este mensaje llegue a quienes tienen muchachos pequeños y puedan cambiar o hacer algo al respecto, pues ya los abuelos pagaron la transición. Que cada quien tome lo que nos corresponda...