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Caso Christopher: castigar al más débil para lavarnos culpas PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Alejandro Salmón Aguilera   
Jueves 21 de Mayo de 2015 00:00
A los brillantes diputados que se aprestan a reformar el Código Penal para aplicar a los padres las sanciones que les correspondan a sus hijos menores de edad que cometan algún delito, habrá que recordarles un principio fundamental del derecho: la aplicación de la ley no puede ser trascendental. Nada más de imaginarlo se enfría la sangre. Por decir lo menos, habría más de 6 mil familias acusadas de delitos diversos, sólo por contar a los internos en algún centro de reinserción social que actualmente compurgan condena.
 
Lo que deberían hacer esos ínclitos legisladores es revisar la aplicación de los recursos públicos en materia de educación, seguridad pública, desarrollo social y salud. Deberían recordar, primero, que el cuidado de los ciudadanos corresponde al Estado, pues para eso fue creado, y es éste el primer fallido al cual le debemos cobrar la factura por el caso del homicidio del niño Christoper.
 
Si de omisión de cuidados se trata, vamos a ver quién acusa a quién, porque los padres de todos los jóvenes asesinados o encarcelados por cometer homicidio podrían reclamarle al Estado Mexicano que no cuidó a sus hijos en los términos mandatados por la Constitución del país.
 
En primer término, debió educarlos y está visto que no funcionó la operación. Se abrieron decenas de espacios nuevos en planteles educativos y eso no bastó para formar a decenas de jóvenes que hoy en día andan por la vida sin oficio ni beneficio, o en el peor de los casos, en actividades delictivas.
 
En cuanto a la salud, podríamos reclamarle al estado que no haya establecido ningún programa de salud mental para una sociedad que ha vivido inmersa en la violencia desde tiempos remotos, y no nada más desde los años de la guerra contra el crimen organizado. No hay, hasta la fecha, un programa para contrarrestar la narco-cultura y la visualización de la violencia como un medio para resolver problemas. Ahí está, para muestra, la enorme simpatía que generan los grupos que cantan himnos a los delincuentes.
 
Lo que tratan de hacer ahora los diputados es cargarles la factura a unos padres que no pudieron sustraer a sus hijos de una cultura de violencia y muerte, donde el matón que se sale con la suya es el héroe al cual se debe admirar.
 
Prefieren señalar con índice de lumbre a unos padres que a la fecha deben estar sumidos en la contrariedad y la consternación a causa de los hechos cometidos por sus hijos, en vez de llamar a cuentas a las autoridades municipales de Chihuahua, Aquiles Serdán y Aldama, en cuyo cruce ocurrió el aberrante crimen contra el niño Christoper.
 
En esto de buscar culpables de la descomposición  social que lleva a un grupo de jovencitos a cometer un homicidio y tratar el hecho como un juego de casi niños lo fácil es ir tras unos padres que viven en condiciones precarias, en vez de exigir resultados a una autoridad que cobra tributos a cambio de protegernos.
 
Encarcelar a los padres de los jóvenes infractores sólo contribuirá a llenar las cárceles…y a los tribunales federales que, seguramente, se cansarán de otorgar amparos contra una ley a todas luces inconstitucional.
 
Que mejor se armen de valor y llamen a cuentas a los gobiernos que no cumplieron con dar la protección, la educación y la seguridad alimentaria a todos los habitantes del estado, incluidos los que viven en las más precarias condiciones.
 
PD: No nos asombremos por la cultura de la violencia, si todos la fomentamos. Nada más hay que contar cuántas estatuas de personas armadas hay en el centro de la ciudad para calcular el culto a la violencia que se rinde en esta ciudad .
 

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