Persecución sindical de Lexmark en Ciudad Juárez PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Eliana Gilet/ desInfomémonos   
Lunes 18 de Enero de 2016 13:09
 
Hace más de tres meses, los trabajadores de la planta maquiladora de la rama de la electrónica que la multinacional Lexmark tiene instalada en Ciudad Juárez, estado de Chihuahua, habían ganado una batalla que puede parecer chiquita: un aumento de sueldo de seis pesos. De 114 que ganaban la hora, la multinacional había accedido a ajustárselo a 120.
 
Sí, conviene sacar cuentas: el sueldo base que recibe un trabajador de línea oscila entre los 500 y los 700 pesos, si corre con la suerte de que le habiliten hacer horas extra.
 
Como a la empresa, por un motivo nunca revelado, le pareció que los seis pesos más para cada trabajador no correspondían, se retractó en otorgar el aumento ya pautado. La indignación entre los explotados trabajadores corrió más rápido que la cinta a la que están pegados para la tarea: vamos a parar, se dijeron. Y pararon nomás.
 
La confianza que dan las medidas les dio alas para reforzar la idea de sindicalizarse. Tal vez con una organización de los trabajadores de la planta, estos atropellos no sigan ocurriendo, o puedan pelearse cuando ocurran.
 
El problema fue cuando se enfrentaron al registro del sindicato en la Junta Local de Conciliación y Arbitraje. Les rechazaron el registro, pero sí tomaron nota de las 70 personas que se habían presentado a fundar el sindicato independiente de trabajadores de Lexmark. Sí los hay “blancos o charros” , agrupaciones creadas a impulso de los patrones, a las que históricamente también se les ha llamado “rompehuelgas”, “esquiroles”, “carneros” u otros epítetos de similar cariño.
 
“Lo que la Junta Local de Conciliación y Arbitraje tiene que hacer es meramente declarativo cuando se solicita el registro de un sindicato. El patrón tampoco tiene nada que decir en esa decisión, pero ya ves que en 50 años no han habilitado la formación de ningún sindicato independiente. Sí lo han hecho para los que se integran a la Confederación de Trabajadores de México (CTM) o a la CROC (Conferación Revolucionaria de Obreros y Campesinos). También se abstiene de dirimir un conflicto, si el que lo solicita es el trabajador”, contó una de las trabajadoras desde el plantón del Ángel de la Independencia.
 
Nótese el detalle en femenino: en la maquila, la mano de obra está fuertemente feminizada. No cualquier mujer: madres solteras y trabajadoras pueblan las líneas de ensamblaje.
 
¿Eso hace que la relación con los patrones sea más difícil? “Hay mucho hostigamiento sexual en la industria. Lo más común es que los jefes de línea y los supervisores exijan favores sexuales para cosas tan básicas como darte horas extra para hacer. El salario base nunca alcanza y ellos condicionan el tiempo extraordinario a lo que las trabajadoras acepten darles.”
 
De una u otra manera, la Lexmark accedió a esa lista de 70 personas que quieren sindicalizarse. Entre octubre y diciembre de 2015 los despidieron a todos.
 
Los trabajadores despedidos instalaron un plantón afuera de la fábrica, en conjunto con trabajadores de otras tres fábricas de la zona que vivieron procesos similares. Aunque la rotación de trabajadores en el rubro es alta, las chicas de la línea de ensamblaje saben bien lo que es una “limpia” y más saben sobre las “listas negras” que circulan entre los patrones.
 
“No fuimos las únicas despedidas. También echaron a otras 14 personas a quienes amenazaron con que no cobrarían su liquidación si se sumaban al plantón que teníamos en la puerta de la fábrica.”
 
Con estas cosas encima llegaron a la Ciudad de México: el 7 y el 8 de enero hubo un paro técnico de 700 trabajadores (trabajan 3 mil personas en dos turnos) en el turno de la tarde, requiriendo los 6 pesos de aumento. Seis pesos.
 
Para cuando llegó el tiempo de las acciones previstas para el 9, 10 y el 11, el patrón estaba preparado: “Metió agentes de seguridad pública, de la policía estatal y la municipal, hasta guardias privados con perros, los metió adentro de la fábrica, amenazando a la gente que o regresaban a su trabajo o iban a terminar como los que estaban afuera. La gente quedó intimidada. Se vive y se trabaja en una cultura del terror dentro de las maquilas.”
 
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