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La visita del Papa y el oportunismo del gobernador PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Oserí   
Sábado 20 de Febrero de 2016 07:00
El pasado jueves, en la portada del periódico El Heraldo, aparece una fotografía del gobernador de Chihuahua besando un solideo frente al Papa, con la siguiente leyenda: “En un gesto inesperado, el Papa Francisco se desprendió de su solideo para entregarlo al gobernador del estado”.
 
Desde luego el rotativo no informó que segundos antes el Gobernador le había regalado un solideo al Papa; tampoco precisó acerca de la costumbre eclesial que hay entre los obispos, de que quien recibe un solideo, éste deberá despojarse del suyo para entregarlo por igual. Es un intercambio entre camaradas o entre semejantes para favorecer la unión de la curia.
 
En su publicación, tendenciosamente los editores del citado diario infieren que el Papa Francisco es quien admira al gobernador chihuahuense, a grado tal de regalar un artículo muy propio: su solideo.
 
¡Lástima Margarito! Pero esto es falso.
 
Si el asunto se limitara a esta escena, no pasaría de ser una anécdota chusca. Pero no es así. El asunto es que en el lugar donde se registró el singular suceso, es decir, en el penal de Ciudad Juárez, las paredes por donde cruzaba el pontífice se encontraban las leyendas de la propaganda oficial: “Que el cielo bendiga a Chihuahua”, cuyo epígrafe se adjudica el todavía gobernador. Además, durante la transmisión, comentaristas de  televisión resaltaron una y otra vez la violación a la laicidad por parte del gobierno del estado, por la construcción, con recursos públicos, de un templo católico en el interior del penal, en una clara violación al principio de igualdad y de libertad de culto de los propios internos. Del mismo modo recordaban aquellas escenas en que César Duarte se unió a los obispos en una misa para "consagrar el estado de Chihuahua al Sagrado Corazón de Jesús" en flagrante violación al principio republicano y laico del estado mexicano que el propio jefe político está obligado a respetar.
 
Es cierto que ante la visita del Papa como jefe de Estado, los funcionarios públicos justificaban con ello su presencia, e incluso habrían de aparentar su concordancia con las palabras del pontífice. 
 
Pero si Duarte Jáquez se ufana tanto en los medios de comunicación de parecer “católico” o “creyente”, en consecuencia debió pedir perdón o renunciar al cargo público que ostenta, al escuchar las duras palabras que el Papa dirigió a las autoridades en el sentido de que cuando éstas otorgan privilegios a unos cuantos a costa del bien común, lo que hacen es generar corrupción, muerte, tráfico de drogas, trata de personas, etc.
 
Sencillamente todo es un juego de apariencias, en vísperas de las elecciones. Duarte, oportunista de carrera, no duda en utilizar para sus intereses el profundo amor de un pueblo sencillo a su pontífice. Así tenga que presumir luego el solideo so pretexto de tapar su calva.
 

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