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Nos toca hacer el milagro PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Gustavo de la Rosa Hickerson   
Martes 23 de Febrero de 2016 08:08
 
La cultura del descarte, fue uno de los mejores conceptos que expuso el Papa en Juárez, porque efectivamente en México la población trabajadora está descartada.
 
Para la élite político-religiosa-empresarial, el resto de los habitantes de México somos prescindibles, y ellos están dispuestos a hacer todo por mantener sus privilegios: robar, engañar, asesinar y aliarse con las fuerzas más oscuras de la nación. Son tan perversos que pueden comulgar ante todo un país que les gritaba fariseos.
 
Nunca un Jefe de Estado extranjero había hecho una crítica tan severa de los poderes fácticos de México, incluso Allende en Guadalajara expuso su ideas de la manera más tersa posible. Francisco no le dio la confianza al régimen ni a la gran jerarquía católico-empresarial de cambiar por sí solos.
 
Los latigazos morales y verbales que le atizó a la élite político-empresarial sanan rápido, porque tienen piel de rinoceronte. El Pontífice dejó un Juárez y un país cuyos dueños continúan construyendo un futuro de corrupción, explotación y violencia. El México del descarte de las víctimas de la violencia, (Atyozinapa, Salvárcar, Tlataya, Michoacán, periodistas, Veracruz, desaparecidos)
 
Para los obreros de Juárez no amaneció distinto, porque siguen recibiendo 5 dólares diarios, y en Foxconn, una maquila que trabaja para Carlos Slim, les van a descontar el día y bonos a quienes faltaron al trabajo, ya sea por falta de transporte o porque decidieron acercarse a las kilométricas vallas para ver al Papa pasar.
 
Nunca dijo esperar que milagrosamente los de arriba fueran a cambiar, sino les advirtió que estaban construyendo un futuro de violencia que a ellos mismos los va a destruir; al final de su visita en Juárez, el Papa fue preciso al señalar que los agentes del cambio que salvarán a México, son las réplicas modernas de Jonás, el mensajero bíblico.
 
“Sé del trabajo de tantas organizaciones de la sociedad civil a favor de los derechos de los migrantes. Sé también del trabajo comprometido de tantas hermanas religiosas, de religiosos y sacerdotes, de laicos que se la juegan en el acompañamiento y en la defensa de la vida. Asisten en primera línea arriesgando muchas veces la propia vida suya”. No mencionó como confiables al Gobierno ni a la élite empresarial o clerical.
 
Esas organizaciones y activistas que enfrentan los riesgos al luchar por la justicia, los que son congruentes con su apostolado o simplemente con su deber como periodistas, maestros, obreros, profesionistas, derecho humanistas y que dicen no al abuso de poder, son los únicos que pueden obligarlo a realizar cambios importantes.
 
Sócrates decía que para luchar por la justicia era indispensable no vivir de la política, los ciudadanos de bien necesitamos convertirnos en mensajeros de la vida, de la justicia, de una Sociedad que pueda reinsertar a los que salen de la cárcel; mensajeros para una comunidad obrera, donde los padres estén temprano en casa para jugar con sus hijos y que las nuevas generaciones no caigan en la violencia ni en las adicciones.
 
Mensajeros de un mundo sin corrupción, sin violencia, que destruyan este sistema de “semiesclavitud moderna”.
 
No hubo milagro, y no creo que Francisco esperara que así sucediera, bien leída la última homilía, diríamos que “solo los mexicanos de abajo y los que estén con ellos, pueden salvar a Mexico”.
Última actualización el Martes 23 de Febrero de 2016 08:25
 

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