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La encrucijada de Javier Corral PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Francisco Ortiz Pinchetti   
Viernes 07 de Octubre de 2016 13:30
Más allá de un estilo diferente, un perfil novedoso, me parece que Javier Corral Jurado, el joven y flamante Gobernador de Chihuahua, representa para el país la posibilidad de una nueva especie de político. La diferencia entre él y aquellos a los que estamos (mal) acostumbrados, es absolutamente trascendente, pero finalmente sencilla: es un hombre honesto.
 
Merecer ese calificativo es pesado. Implica muchas cosas, pero la primera es una formación ética sólida e innegociable. Aquí no puede haber medias tintas. Es como el embarazo o la diabetes. No se puede estar “un poco” embarazada ni ser “tantito” diabético.  Me parece que la honestidad es una virtud escasa en nuestra sociedad, pero particularmente rara entre los políticos. A Corral Jurado, a quien conozco hace más de 30 años,  lo avala una trayectoria en ese sentido intachable. No tiene cola que le pisen. Sus malquerientes, que los hay, lo tachan de temperamental o intolerante, pero no de sinvergüenza. Y pienso que a la honestidad suma otro atributo invaluable: la congruencia.
 
Escribo todo esto porque pienso que el nuevo Gobernador de Chihuahua tiene ante sí no sólo un reto enorme, sino también una encrucijada. En un período de gobierno mocho  — porque en razón de la homologación de los comicios locales con los federales durará sólo cuatro años y 11 meses– tendrá que enfrentar de entrada la quiebra financiera  en que dejó al estado su antecesor, el priista César Duarte Jáquez, con una deuda de 46 mil millones de pesos. Habrá de cumplir su compromiso de acusar penalmente al ex mandatario “y a sus cómplices”, lo que no necesariamente es lo mismo que “meterlos a la cárcel”: No faltarán fuerzas poderosas que los encubran y protejan, de lo que ya hay indicios. Y dar una batalla sin tregua al crimen organizado, cuya presencia se ha vuelto a incrementar en el estado más grande de México.
 
Tendrá por supuesto que transparentar de manera total y absoluta el gasto público y la conducta de los funcionarios que lo ejerzan. Erradicar la corrupción y acabar con la impunidad  no pueden ser palabras huecas, mera retórica, como siempre. Asumirlo tal y como lo dijo: “Cuando hablo de combatir la corrupción hablo en serio, debemos empezar por nosotros mismos; queremos echarnos para adelante”.
 
Además de la reiteración de esos propósitos de justicia y honradez, antes de sentarse en la silla Corral Jurado dio otras muestras de venir con la determinación de un verdadero cambio. Primero pidió al Congreso del estado recién conformado legislar para quitarles  al Gobernador y a todos los funcionarios públicos el fuero constitucional, sinónimo de impunidad.  Conformó un gabinete como lo había prometido, paritario y plural, integrado por ocho mujeres y ocho hombres, lo que marca un hito histórico en el país.
 
Y anunció una nueva, sana y transparente relación con los medios de comunicación. No habrá más convenios de publicidad. Se acabará la compra de lisonjas y encubrimientos y se enfrentará la crítica con seriedad. El pago de publicidad se hará en función de necesidades claras  en materia de comunicación social, como dar a conocer programas y servicios de la autoridad estatal y no más para promoción personal de los funcionarios. “Los periodistas serán más libres que nunca”, adelantó. Son temas que el chihuahuense –periodista él mismo en sus comienzos– conoce como pocos en este país, de tiempo atrás.
 
La encrucijada que habrá de enfrentar se complica todavía más cuando tiene que dar semejante batalla en tiempos nada propicios para el país en materia económica, política y social y cuando su partido, el PAN, no vive precisamente –a pesar de sus triunfos recientes– sus mejores días, sumido nacionalmente en el desprestigio y sin que su dirigencia atine a enfrentar de a de veras la corrupción que carcome sus entrañas.
 
Difícilmente tendrá el nuevo Gobernador de Chihuahua nacido en El Paso, Texas hace 50 años el respaldo político y moral necesario para enfrentar los acosos y la embestida de un poder federal que naturalmente lo mira como enemigo peligroso. En 2014, cuando Corral Jurado, panista de toda la vida,  compitió con Ricardo Anaya Cortés por la dirigencia nacional del PAN, escribí aquí mismo que el chihuahuense llamaba a rescatar un partido, Acción Nacional, ya inexistente. No estuvo de acuerdo. Tal vez ahora me daría la razón.
 
Y pienso que tendrá que estar preparado para las vicisitudes que escapan de su control. Su llegada al poder ha provocado una enorme expectativa, dentro y fuera del estado. La contundencia de su triunfo fue la gran nota de los comicios del pasado 5 de junio en 12 entidades del país. Y eso lleva irremediablemente implícito un grado de decepción y de desgaste. Sobre todo en  Chihuahua. Francisco Barrio Terrazas ganó claramente la gubernatura en 1994 luego de ser víctima seis años atrás de un descarado y documentado fraude electoral. Asumió el cargo con enorme autoridad moral. A la mitad de su mandato, sin embargo, recibió un tremendo revés de la ciudadanía, que en las elecciones legislativas intermedias castigó severamente al PAN en las urnas. “Ahora sí tocayo — me dijo el entonces mandatario poco después de aquellos comicios en su despacho del palacio de Gobierno, con una mueca harto elocuente–  supe lo que es morder el polvo”.
 
Javier Corral Jurado deberá tener los arrestos para superar esas y otras pruebas. Me parece que su posibilidad está en apostar a los resultados finales y muy especialmente a la congruencia. De ello dependerá su verdadera aportación a su estado y a su país. No exagero al decir que está llamado a ser el nuevo paradigma del hombre público que México necesita. Y me parece que no puede fallar. De ese tamaño es el reto de este discípulo favorito de Luis H. Álvarez, a quien por supuesto  tampoco puede fallarle. Válgame.
 
Twitter: @fopinchetti
Última actualización el Viernes 07 de Octubre de 2016 13:32
 

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