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Guadalupe PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Ernesto Camou Healy   
Domingo 11 de Diciembre de 2016 20:20
Este lunes se celebra, en México y toda América Latina, la festividad de la Virgen de Guadalupe, o más exactamente la celebración de María, la madre de Jesús, en su advocación de Guadalupe. La historia es de todos conocida: En un paraje al Norte de la capital de la Nueva España, el Tepeyac, se apareció la Virgen a un indígena converso, Juan Diego, ataviada como una mujer natural de los pueblos mesoamericanos, morena y joven, delicada en sus rasgos y cercana, por el físico y vestido, a los moradores de esa porción del Anáhuac.
 
En algún momento en aquel siglo XVI se comenzó a forjar la leyenda de la aparición de María-Guadalupe a un macehual convertido al cristianismo. En realidad los testimonios históricos resultan escasos para aseverar que fue una aparición verdadera, o fue una explicación fantasiosa para justificar una imagen novedosa y una advocación americana original para el culto de María. Desde el punto de vista del historiador es una cuestión que permanece en estudio y como desde la perspectiva de la Iglesia no se ha considerado a la aparición como un dogma, es válido afirmar que es posible ser católico y poner en duda la realidad del acontecimiento; pero resulta inadmisible negar la validez del culto y de la devoción guadalupana que inició muy probablemente en la primer mitad del siglo XVI, en aquel cerrillo vecino a la capital novohispana.
 
Se sabe que hubo ahí, por lo menos en la segunda mitad del siglo, una ermita en la cual se daba culto a una imagen de María representada como una india de noble familia. Ahí presumiblemente se encontraba lo que llamamos la tilma de Juan Diego, la pintura original, de exquisita factura, atribuida a una intervención milagrosa, que constituyó un obsequio divino a los habitantes de esa América aún en proceso de invención.
 
Fue en esos años, un lapso de casi un siglo, que empezó a formarse en México un culto mariano que movió a la población aborigen a considerarla su madre y protectora y que, con el transcurso de los años fue extendiéndose a los estratos criollos y europeizantes que fueron identificando su fe y su cultura cada vez más con las realidades americanas, y encontrando su identidad como grupo y comunidad, no en las imágenes y las historias de la península ibérica, sino en un personaje más cercano que proponía como valioso y válido el ser americano, indígena inclusive.
 
Fue durante la Colonia que la devoción a Guadalupe se fue ahondando en la fe y en la cultura popular, al grado que se fue constituyendo, simultáneamente, en un pilar del catolicismo mexicano y por extensión de América, pero también en un símbolo de la mexicanidad, que tuvo un punto de inflexión cuando el cura Hidalgo tomó una imagen de Guadalupe del Santuario de Atotonilco y la convirtió en su estandarte; en ese momento Guadalupe fue la capitana de las fuerzas insurgentes. A partir de entonces es madre y protectora de todos los mexicanos, incluso de aquellos que no comparten la misma fe, pero sí la identidad nacional.
 
Por medio de el Galeón de Manila, ese esfuerzo comercial que permaneció 250 años cubriendo la ruta mercantil entre Nueva España y el lejano Oriente, la Guadalupana arribó a esas tierras y es ahora la patrona de las Filipinas, y su imagen es tan ubicua como en México.
 
Tal historia ha permitido, desde la perspectiva de la cultura nacional, que haya un reconocimiento casi inmediato de imagen y Virgen. En cualquier rincón de la Patria: Se la siente como parte de la familia, como una herencia indiscutible, intrínseca y comunitaria. Compartimos un sentimiento unánime frente a la Virgen de Guadalupe que constituye uno de los fundamentos que nos permite reconocernos como cristianos y como mexicanos, quizá más que la mayor parte de los símbolos patrios. Es una fiesta religiosa de gran importancia, y también es un pilar de la identidad mexicana.
Última actualización el Domingo 11 de Diciembre de 2016 20:23
 

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