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Escrito por Ernesto Camou Healy   
Domingo 01 de Enero de 2017 00:00
Estamos a punto de estrenar el 2017 que no viene nuevecito y sin usar, como afirman los lugares comunes, pues arribará cargado de historia y arrastrando problemas que no pudimos resolver, desde hace generaciones. Sin embargo, resulta oportuno reflexionar sobre lo que nos espera y, sobre todo, la forma como haremos frente a los doce meses venideros.
 
Lo primero que llama la atención es el gasolinazo, el súbito incremento de precios del combustible que generará problemas a las familias y a las empresas, seguramente se reflejará en mayor inflación, que es una forma poco equitativa de repartir los costos sociales.
 
Pero al agravio económico se suma la amnesia del Ejecutivo que se atrevió a afirmar que él nunca había dicho que bajarían los precios de la gasolina, así, tan campante y tan poco cuidadoso como ya ha demostrado ser. Parece, sin lugar a dudas, extremadamente cínico…Lo que sí es seguro es que quienes propusieron su candidatura, los que lo apoyaron y por él votaron, le hicieron un daño extremo al país; y que el resto no pudimos organizarnos e impedir su asunción a la presidencia. Algo hay que aprender…
 
Seguiremos sufriendo sus puntadas impúdicas y su ignorancia rampante, no parece haber remedio; pero ya para la mitad del año el panorama se complicará pues los partidos estarán designando a sus candidatos a la grande. Da miedo, pues lo han hecho pésimo en las últimas décadas, y es motivo de preocupación constatar que la llamada sociedad civil no ha logrado organizarse y poner un freno a unos partidos que sólo parecen funcionar como encargados de relevar la ineptitud.
 
En el plano internacional, aquí al ladito, tendremos a otro impresentable, obsceno además; lo peor que nos va a suceder es que nos asestarán su desagradable imagen todos los días, en la televisión y los medios: eso de tener un presidente con color de piel inverosímil, anaranjada, fruto de sus exposiciones en cámaras de luz artificial, resulta por lo menos excesivo: Si no fuera tan grotesco sería chusco imaginar a Trump en pelotas, encerrado en su camilla iluminada, los ojos protegidos con lentes oscuros e ideando nuevas versiones mediáticas de sí mismo…
 
Será interesante observar cómo se topa con muros, políticos y económicos, que le impedirán realizar muchas de las barrabasadas que propuso, y verlo urdir excusas mentirosas para intentar no quedar mal parado con la ingenua ciudadanía que lo votó.
 
En México seguiremos sufriendo la pobreza extrema de más de la mitad de los mexicanos; y la inseguridad rampante y ubicua nos seguirá trayendo con el Jesús en la boca. No hay mucha expectativa de mejoría en lo económico y tampoco en el control del delito, y menos si tenemos una cúpula política que considera que su misión es hablar bonito de la situación y pretende transformarla con discursos ramplones y embusteros.
 
No pinta bien el año, pero frente a esa realidad uno debe elegir no dejarse atropellar por ella: sin negar lo complicado y la necesidad de enfrentarla y cambiarla, lo que no debemos hacer es perder ni la esperanza, ni el buen humor, pues ambas virtudes, o estados de ánimo son indispensables para aceptar el compromiso de luchar, organizarse, insistir, dar lata, molestar a los indolentes y presionar a los que toman decisiones, para ir logrando que la situación social se torne menos sombría, más equitativa, más estimulante y menos represora.
 
No es tarea fácil, pero es irrenunciable intentarlo, si hay un mínimo de pudor. Que si dentro de un año logramos una pequeña mella en la estructura que nos ahoga, no será poca cosa; si además, nos divertimos en el intento, con la satisfacción de ir por la vía correcta, y logramos lacerar la molicie de los políticos deshonestos, es posible que entonces volvamos la vista atrás y reconozcamos con una pizca de orgullo que vamos en el camino correcto.
 

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