Marichuy: Un viento fresco

Ernesto Camou Healy - avatar Ernesto Camou Healy18 Ago 2017 Hits:10

72 años

Lilia Cisneros Luján - avatar Lilia Cisneros Luján16 Ago 2017 Hits:15

Indigenizarse

 Gustavo Esteva - avatar Gustavo Esteva14 Ago 2017 Hits:15

Jaime va a la guerra

Hermann Bellinghausen - avatar Hermann Bellinghausen14 Ago 2017 Hits:12

El Pétain mexicano

John M. Ackerman - avatar John M. Ackerman14 Ago 2017 Hits:11

La “democracia” de los sinvergüenzas

Leonardo Boff - avatar Leonardo Boff14 Ago 2017 Hits:16

Prospectivas a inicios de la era Trump PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Rafael García-Sánchez*   
Lunes 16 de Enero de 2017 21:57
 
En 2016 (quizá desde 2014) Vladimir Putin se colocó como un protagonista del escenario internacional pese al despliegue mediático prooccidental, fundamentalmente norteamericano. Rusia se vio fortalecida a contrapelo de las sanciones europeas y los ataques diplomáticos de los Estados Unidos de América. Hacia el cierre del año pasado, Rusia se habría colgado un mérito al contribuir de manera contundente con el régimen de Bashar Al Assad, con respecto de la socavación del papel que venían jugando los grupos terroristas como ISIS cuyo tufo olía a dinero prooccidental. La recuperación de Alepo sella de manera simbólica el año 2016 con la presencia Rusa no sólo en la zona medio oriental, sino que marca en definitiva una tripolaridad mundial, dejando atrás las otroras versiones bastante difundidas en el mundo occidental acerca de la unipolaridad del mundo encabezada por E.U.A. 
 
Esta tripolaridad mundial constituida por China, Rusia y E.U.A. cuenta ahora con la peculiaridad del nuevo y próximo ocupante de la oficina oval, el magnate Donald Trump. La llegada del “business man” norteamericano a la Casa Blanca, no sólo resalta en el escenario mundial por lo sorpresivo de su triunfo para una gran cantidad de votantes y también para muchos espectadores internacionales, (excepto Vladimir Putin, quien evidenció su confianza en el entonces candidato por el partido Republicano); sino también un aspecto que destaca del resultado de las elecciones norteamericanas son las proyecciones para Estados Unidos que Trump ha lanzado desde su campaña, las cuales apuntan hacia la recuperación del papel protagónico de ese país a nivel mundial.
 
Contrario a lo que ocurre generalmente en las “democracias” del tercer mundo, las promesas de campaña realizadas por el equipo de Trump,parecen tener sustancia y no sólo palabrería. Por ejemplo, la construcción del muro con México ha pasado del nivel de declaraciones con carácter propagandístico a un proyecto que se está gestando en ambos lados de la frontera norteamericana.En la misma dirección, pese al guiño que Trump ha lanzado al mandatario Ruso, Vladimir Putin en el marco de su sorpresivo arribo a la presidencia y la supuesta pretensión de mantener una relación bilateral armoniosa, en cierto modo, la intención subyacente del presidente electo de los E.U.A indica que lo que se pretende es someter a Rusia a una nueva carrera armamentista, ello derivado de un tuit en el que señala que el país norteamericano debe “reforzar y expandir enormemente su capacidad nuclear hasta que el mundo entre en razón respecto a las armas nucleares”, ante  la cual, desde Moscú sehasostenido que no se tiene planeado un escenario de tales magnitudes, y que por el contrario, sus proyecciones contemplan una disminución en el gasto militar para los próximos años. Putin deberá de jugar con mucha inteligencia frente a un personaje cuyos intereses geoestratégicos están motivados por la recuperación de la hegemonía mundial estadounidense. Por ello, contrario a lo que algunos analistas han destacado como una potencial alianza entre Rusia y E.U.A corresponde solamente al orden diplomático pero soslayan los intereses comerciales, políticos y militares que ambas naciones mantienen con respecto de su papel en la escena mundial. Por ejemplo, la Unión Americana necesita forzar a la Unión Europea a ingresar al tratado transatlántico para compensar el avance Chino, y ello toca en cierta medida los intereses de Rusia.
 
Las piezas del rompecabezas mundial (como diría el célebre guerrillero mexicano de la selva lacandona) indican que las relaciones entre E.U.A y Rusia se recrudecerán luego de que Putin se decida evitar poner en riesgo su relación con el líder Chino Xi Jinping, toda vez que tanto el Partido Republicano como el mismo Trump han calificado como “amenaza” el galopante avance Chino no solamente en el ámbito comercial, sino también en el político y el militar a nivel global.
 
Ahora bien, la alianza de Rusia con China, no deja de tener su dosis de frialdad, ya que como bien se sabe, hay siempre intereses de por medio. A Rusia le es más conveniente mantener los lazos estrechos con China porque tiene garantizada la estrategia comercial que gira en torno a un mercado que alcanza casi la mitad del planeta. No obstante, el comercio bilateral no lo es todo, también está el contrapeso militar que representa para ambos países de cara al papel de E.U.A. En este sentido, Rusia podría apostar, frente a una futura y eventual ruptura con la Unión Americana, por un viraje en su política armamentística, dado que la amenaza que representan los E.U.A en la era Trump, dejan ver que la situación en medio oriente seguirá siendo cada vez más vulnerable, pese a las ignominiosas derrotas de los intereses prooccidentales en la zona.
 
Sin duda, una pieza clave para los tiempos que vienen en la era Trump es Turquía, dada su posición geoestratégica. Erdogan será sin duda otro protagonista en la escena mundial debido a su estrecha relación con Donald Trump; dicha cercanía y el reciente asesinato de un embajador Ruso en Turquía, podrían constituir un factor de vulnerabilidad para la estabilidad de las relaciones entre Ankara y Moscú. En este sentido, Erdogan no puede estar tan complacido con la llegada del magnate a la Casa Blanca, ya que dicha amistad, podría tornarse en una amistad peligrosa, toda vez que el conflicto en Siria aún no termina y tanto Rusia como Irán estarán pendientes de la injerencia norteamericana en las decisiones que tome el país otomano.
 
Por su parte, la Unión Americana, tiene por delante el  fortalecimiento interno de su economía como un escenario bastante previsible. La cancelación de un proyecto manufacturero de la compañía Ford Motors Company en México representa hasta el momento lo que será el futuro de las inversiones en E.U.A; concomitantemente, los efectos de la recuperación interna norteamericana se dejarán sentir en los países de la región latinoamericana. En otras palabras, frente a la pérdida de la hegemonía norteamericana (atribuida en buena parte a Obama), la política exterior norteamericana endurecerá su papel en Latinoamérica, a través de restricciones comerciales, de la injerencia  política, de la ampliación de bases militares y a través de la financiación de grupos opositores a los escasos gobiernos antimperialistas que quedan en la región. Es posible contemplar (sin que sea ave de mal augurio) los escenarios que se vienen para la Venezuela de Maduro y la Cuba postFidel. En el caso de México los hechos recientes derivados de la desregulación del precio de las gasolinas en el marco de la Reforma Energética, evidencian un país que se empieza a polarizar a través de los descontentos generalizados motivados por el alza al precio de las gasolinas, pero también por el enojo de diversos sectores como lo es una parte significativa del sector magisterial debido a la implementación de la Reforma Educativa.
 
En este mismo tenor, el nombramiento del ex secretario de hacienda Luis Videgaray como canciller en Estados Unidos, quien fuera el artífice de una pésima política fiscal mexicana, y quien fuera despedido de dicha secretaría, luego de la insultante visita del entonces candidato Donald Trump al país azteca, le añade un elemento más al descontento social generalizado. Con ello, el gobierno Federal encabezado por Enrique Peña Nieto, envía al pueblo de México una señal clara de mantener por lo menos hasta 2018 su papel de vasallo en la política neocolonial Trumpista. 
 
A manera de apuntes finales, es posible pensar en que la tripolaridad mundial en la era Trump podría configurarse a través de una convulsionada guerra comercial entre Estados Unidos y el bloque Chino-Ruso, que sin duda se verá con mayor virulencia una vez que la ultraderecha europea se consolide en las próximas elecciones de  2017 en Alemania y Francia, y con ello, se abra paso a la firma del Tratado transatlántico. Todo un polvorín se espera en Europa durante la era Trump.
 
La región Latinoamericana podría verse sumamente afectada por el endurecimiento de la política exterior norteamericana. La pérdida de valor de las monedas regionales frente al dólar incrementará los problemas sociales y favorecerán la dependencia de Estados Unidos. Los gobiernos corruptos y ajenos a sus pueblos colaborarán gustosos con la estrategia militar  estadounidense para salvaguardar sus intereses y sus privilegios. 
 
Como todo escenario imaginado, las posibilidades son infinitas, por ello, vale la pena distinguir entre lo posible y lo deseable. Con respecto de esto último, cabe la posibilidad (deseada) de que los pueblos latinoamericanos encuentren estrategias de organización que los conduzcan hacia nuevas formas de ejercer la participación política. El caso mexicano en ocasión de lo que se ha dado en llamar como “el gasolinazo” y “la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa”, constituyen precisamente la orilla de un hilo que de seguirse tejiendo al margen de la clase política y su maquinaria electoral, podría robustecerse no sólo cuantitativamente, sino sobre todo en la cualidad de su organización, dirección y sentido. Andrés Manuel López Obrador, líder del reciente Partido Político, MORENA, constituye una pieza que podría servir tanto para la consolidación de un cauce institucional al descontento social, pero al mismo tiempo, podría jugar un papel de división de lo que hasta ahora se presenta como un movimiento nacional que recoge el descontento acumulado por los actos de corrupción del gobierno federal, por los casos escandalosos de gobernadores de su partido que han provocado enormes deudas en sus estados,  así como los efectos de algunas de las reformas estructurales aprobadas por unanimidad excepto por MORENA, en el “Pacto por México” que aglutinó al Partido Revolucionario Institucional (PRI), al Partido Acción Nacional (PAN), al Partido de la Revolución Democrática (PRD), así como al resto de los partidos rémoras que acolitan la maquinaria electoral mexicana.
 
La participación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, puede llegar a ser una pieza significativa en la concreción de una organización de carácter nacional, sin embargo, su presencia en la escena política mexicana no parece tener eco aún en el descontento social.
 
Finalmente, y para el caso mexicano, la militarización del país constituye un elemento muy importante para la estabilidad de dicha nación, dado que su participación para contener el descontento social, puede decantarse en una revuelta de grandes implicaciones; sin embargo, si su actuación permanece en los márgenes de un conflicto socio-político interno, ayudaría a que la sociedad encuentre canales para desahogar el enojo, la ira y el descontento.
___________________
 
Bibliografía citada
http://internacional.elpais.com/
internacional/2016/12/22/actualidad/
1482426855_086444.html
(Tomado el día 05 de enero de 2017)
 
*Rafael García-Sánchez es Doctor en Educación y profesor-investigador del Instituto de Pedagogía Crítica con sede en Chihuahua, Chih. México.
 

Agregue su comentario

Tu Nombre:
Tu email:
Asunto:
Comentario: