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Gobernar olvidando PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Ernesto Camou Healy   
Domingo 15 de Enero de 2017 00:00
Don Enrique Peña Nieto intentó, en su arenga a la Nación la semana pasada, explicar su decisión de liberar el precio de la gasolina: Básicamente nos dijo que el responsable era el contexto mundial, que se había incrementado el precio de los combustibles y que era insensato sostener un subsidio como el que había mantenido bajo el precio del carburante por mucho tiempo.
 
El Presidente intentó apaciguar un malestar generalizado, sobre todo de la clase media, la afectada directamente por la escalada de precios. Esquivó el problema de que un aumento tal encarecerá el transporte de bienes y mercancías y eso se reflejará en los precios al consumidor, todos aquellos que mercan su mandado en la tienda de barrio, la departamental o el super de la colonia y que verán encarecer los productos básicos y también los de lujo; sin descontar la posibilidad de que se incremente la inflación, que siempre es un mecanismo para hacer pagar a los de a pie, los dispendios y mala administración de quienes toman las decisiones.
 
Pero también pretendió no entender que la queja por la gasolina está sostenida en innumerables agravios y que el alza en los combustibles es un llover sobre mojado, una queja más que se acumula sobre muchas otras, irresueltas, que tienen que ver con corrupción y con ineptitud y que en los dos casos son las mayorías quienes terminan pagando.
 
El problema es que el gasolinazo es una decisión económica que carga con una muy significativa carga simbólica. Tiene lugar después de una “reforma energética” que se anunció como solución parcial, al menos, a algunos de los problemas acuciantes del País y que tendría una consecuencia feliz para los mexicanos: El cese de los incrementos mensuales en el costo de la gasolina. Cuando se anunció un salto mayúsculo en el precio, acompañado de una advertencia en el sentido de que tal liberación provocaría una fluctuación de acuerdo a los estándares internacionales, los mexicanos atentos al bolsillo primero, a los dichos del Ejecutivo después, se dijeron engañados por el mandatario.
 
Cuando el Presidente aclaró que “él nunca había prometido que bajaría la gasolina” sólo avivó el fuego del descontento, pues al agravio se sumó el insulto al llamar desmemoriados a los ciudadanos y renegar, una vez más, de sus dichos o insinuaciones… de golpe se entendió que es el equipo gobernante quien padece una cierta amnesia que provoca olvidarse de las consecuencias de sus decisiones y sus inepcias y continuar haciendo como que hacen, a la espera de un relevo que los exima de sus responsabilidades, en un sexenio ulterior.
 
Porque don Enrique ha dejado muchos agravios pendientes y muchas cuestiones consignadas a una putativa capacidad de olvido de los mexicanos. Nunca se resolvió adecuadamente el conflicto de interés que representó que la pareja presidencial aceptara una residencia lujosa, a costos muy convenientes, de uno de los principales beneficiados con contratos fabulosos, de su Gobierno; tampoco se explicó el usufructo de departamentos de lujo en Estados Unidos, gracias a contratistas de la administración. Se apostó al olvido.
 
Como también se ha pretendido cansarnos hasta que olvidemos la desaparición trágica de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y la oscura complicidad entre criminales y elementos de seguridad del Estado, los muertos de Tlatlaya o la inseguridad que no cesa de agobiarnos en todas las regiones del País.
 
Cuando invitó a Donald Trump provocó un repudio nacional que intentó solucionar con el despido del promotor de la visita, un trimestre después lo premia con la Secretaría de Relaciones Exteriores en una decisión que huele a servilismo y que apela a la hipotética amnesia de los ciudadanos.
 
Ahora bien, la opción por el
 
olvido es de ellos, los que gobiernan; la nuestra es no desdeñar ni nuestra historia ni las ofensas: Hemos sido marcados por muchos ultrajes, desde aquel 68 hasta Ayotzinapa y los gasolinazos… sólo repudiándolos
 
en las urnas haremos justicia a la memoria.
 
Ernesto Camou Healy es doctor en Ciencias Sociales, maestro en Antropología Social y licenciado en Filosofía; investigador del CIAD, A.C. de Hermosillo.
Última actualización el Miércoles 18 de Enero de 2017 10:34
 

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