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Lilia Cisneros
Escrito por Lilia Cisneros Luján   
Jueves 19 de Enero de 2017 18:53
En términos humanos, no parece existir lo absoluto. Así como la existencia de emperadores romanos, cuyos excesos y perversiones han dejado en el desconocimiento vulgar las obras positivas realizadas por tales personajes, igual el simple enunciado de “demócratas y republicanos”, poco nos dice acerca de la ideología de unos y otros en la nación que esta semana habrá de iniciar un periodo de supuesto cambio en la llamada Casa blanca.
 
El presidente número 45 de los Estados Unidos de América, republicano por filiación, no ha sido el único en no amar a México y los mexicanos. En 1844 el undécimo presidente nacido por cierto en Carolina del Norte y demócrata de filiación, ganó la presidencia. Su lema de campaña fue la anexión del territorio texano, ampliando sus objetivos en contra de México cuando nuestra nación, se opuso a tal cometido dirigiendo Polk la guerra que concluyó con la pérdida de la mitad del territorio que entonces teníamos y que hoy se conoce como el suroeste de Estados Unidos. Amenazó a los británicos, abrió la Academia Naval y aun hoy se le reconoce como uno de los presidentes de mayor éxito aun cuando solo dirigió la nación por 4 años.
 
Pero la campaña de James K. Polk no ha sido la única vez en contra de lo que algunos han llamado “el patio trasero”. Si bien durante su mandato en abril de 1846, siendo evidente la poca unión entre los dirigentes de México y antes de enviar tropas a la “alta California” .julio de ese mismo año- también hubo un desembarco en el puerto de Mazatlán. El gobierno federal envió a la defensa a Rafael Téllez[1] quien prefiere quedarse en Sinaloa disfrutando de las prebendas de algunos comerciantes extranjeros y convertirse en cacique. Una vez ocupada la Alta California y sin defensa debido a tal acto de traición a la patria, la escuadra del Pacífico amplia las hostilidades en septiembre de ese año, declarando el bloqueo del puerto en febrero de 1847 y con ejemplo de cobardía Téllez se retiró ocupándolo los invasores en octubre. Fue el día 11 de ese aciago mes que la bandera de las estrellas ondeó luego del desembarco de los marines frente a un pequeño grupo de patriotas que los detuvo en Urías concluyendo esta situación hasta junio de 1848 con la firma de los tratados de Guadalupe Hidalgo, con los cuales pagamos no un muro sino la ambición misma de un presidente norteamericano.
 
El afán expansionista, envuelto en el deseo de hacer de los Estados Unidos una nación grande, pone los ojos de diversos presidentes más allá de su frontera sur, pero para efectos de esta reflexión, recordemos a William Howard Taft  republicano conservador, quien ocupó la presidencia de 1909 a 1913, con el turno vigésimo séptimo y un embajador por demás nocivo en la relación histórica de  ambas naciones. Su actuar destacó por su obsesión de suprimir las iniciativas progresistas de Theodore Roosevelt -1901 a 1909-, sobre todo en temas como aranceles. Así las cosas dentro de su partido, republicano, surgió un grupo progresista que se opuso a tales despropósitos. En el ámbito internacional pugnó por intervenir en América Latina para la instalación de gobiernos reaccionarios aunque afines a los intereses de su “gran nación”. Creó una división –republicanos progresistas y conservadores- devenida en una crisis que se profundizo en 1909 donde los senadores demócratas y los republicanos progresistas por el tema de los aranceles que pasó apenas y con casi un millar de enmiendas. Tal vez considere que es casualidad, pero esto hizo que el medio oriente de hecho se enemistara con el gobierno de Taft, que luego en acciones casi de locura, dio pasos atrás en las iniciativas de su predecesor para convertir en parques nacionales reservas acuíferas y forestales. El resultado final fue una estrepitosa derrota de los republicanos en 1910.
 
Como nada es absoluto, se debe reconocer que durante su gestión de escasos 4 años, logró controlar la expansión de monopolios financieros[2] e introducir algunas enmiendas constitucionales en materia de elecciones lo cual no permitió la selección interna para una segunda postulación del primer Roosvelt, quien decidido irse por la libre para perder frente al demócrata Thomas Woodrow Wilson, quien fue presidente –el vigésimo octavo- de 1913 a 1920, justo cuando en nuestro país, las divisiones revolucionarias, volvieron a ver izada la bandera de las estrellas, ahora en Veracruz. Luego de Mazatlán y el zócalo capitalino, el pretexto para el desembarco en Veracruz, fue una supuesta preocupación por la operación de venta de armas al usurpador Huerta, que luego de una complicada triangulación llegarían al puerto en el navío alemán Ipiranga. ¿En que medida ese antecedente histórico inspiró a los autores de la venta furiosa que llevó letales armas en este siglo a manos de narcotraficantes?
 
En 1914, fueron 7 meses de ocupación norteamericana, haciéndole la vida difícil a un militar que para nada comulgaba con los “gringos”. Podemos especular acerca de lo que hubiera ocurrido a Carranza y el ejército constitucionalista sin esta parte de la intervención norteamericana, pero el hecho es que dicho demócrata, fue condecorado como premio Nobel de la paz en 1919, impulsor de la Sociedad de Naciones y partícipe de la conferencia de París en el contexto de la primera guerra mundial. Además de los hechos en Panamá impulsó la creación de la reserva federal, como banco central[3] y aun con su visión “moral” que no respetaba a la mayoría de la población, luego de retirar al embajador del anterior gobierno Henry Lane Wilson, apoyó a Carranza y sin mediar declaración de guerra a partir del 21 de abril de 1914, ocupó la aduana veracruzana, atacó la escuela Naval Militar y se mantuvo en tierra mexicana por más de seis meses retirándose el 23 de noviembre de ese mismo año.
 
Así que el tema del muro parece pecata minuta en medio de esta realidad histórica, en donde solo un auténtico amor a la patria aderezado con conocimiento de historia puede oponerse al afán expansionista de tirios y troyanos.
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[1] Era presidente Mariano Paredes de Arrillaga, contra le cual se rebela este militar.
[2] Demando a General Electric Company, American Sugar Company, la United States Steel, además de que consiguió la aprobación de una ley que establecía bancos postales, creó el Departamento de Trabajo y la Oficina Federal de la Infancia
[3] En medio de una polémica, con los republicanos, que propugnaban la creación de un banco central exclusivamente privado y el sector mayoritario de los demócratas, que demandaba un banco central, bajo control gubernamental. Finalmente conjuntaron ambas visiones garantizando cierta influencia de los banqueros privados en la Reserva Federal.
Última actualización el Jueves 19 de Enero de 2017 19:01