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Escrito por Ernesto Camou Healy   
Jueves 09 de Febrero de 2017 09:36
Resulta difícil no escribir sobre la situación de México y el mundo, amenazados como estamos por un sujeto atrabiliario, que se comporta como si hubiera sido elegido jefe supremo del mundo, desquiciado, poseedor de una diarrea verbal extrema y dueño de un garrote que trae con el Jesús en la boca a la mayor parte de los habitantes del planeta. Pero no hay que amilanarse: Si el tipejo ruge, hay que esperar a que pierda la voz, o lo callen sus compatriotas, que seguro están más preocupados que nosotros.
 
Y mientras eso sucede, la idea de convocar a la unidad nacional es correcta, urgente además; pero se debe especificar en torno a qué, o quién. No hay duda de que el actual régimen y la mayor parte de los partidos, junto con el equipo que intenta gobernar el País, no parecen concitar mucha unanimidad ni confianza. Necesitamos, pues, esbozar un proyecto nacional coherente y viable que fundamente una razonable certeza entre los ciudadanos y mueve al acuerdo común.
 
Una de las primeras acciones es disminuir la dependencia que han construido, desde Carlos Salinas, los sucesivos gobiernos. Desde entonces se sabía que no convenía mirar exclusivamente al Norte: Es nuestro principal socio comercial, pero eso no obsta para que busquemos otros, quizá no tan vigorosos, pero más equitativos en el trato. Somos parte de América Latina y de la Comunidad Iberoamericana; durante siglos comerciamos con éxito con Asia por medio de la Nao de China, al extremo de que en Filipinas la Patrona de la Nación es la Virgen de Guadalupe.
 
Urge entonces buscar nuevos mercados para lo que producimos y fabricar cumpliendo las normas internacionales: Ya la industria mexicana no hace su tarea al aventón ni con descuido. Por lo mismo, debemos consumir cada vez más lo que aquí se fabrica. Para eso es imperativo que la mayor parte de los mexicanos, esas dos terceras partes que viven en pobreza, tengan empleos y remuneraciones dignas. No debemos tener un salario mínimo que asegure la sobrevivencia en la miseria, sino uno que permita vivir y consumir lo que en el país se fabrica, no sólo alimentos y ropa, sino libros, productos electrónicos cada vez más indispensables, capacidad de transporte, educación y diversión sana y frugal. Sin un mercado interno vigoroso nuestra economía seguirá dependiente.
 
Los que vivimos en el Noroeste tenemos un serio problema: Nuestra región cultural rebasa la frontera. El Sonora, históricamente definido, incluye al menos la mitad Sur de Arizona, al grado de que podemos decir que hay allá una buena cantidad de sonorenses norteamericanos, nacidos al otro lado, incluso de familias que no descienden de mexicanos, pero que se saben parte del Sonora por tradición e historia.
 
Desde siempre buena parte de los residentes en el Noroeste ha acostumbrado visitar el Sur de Arizona: Es parte de nuestra área cultural, tenemos historia en común, y se ha ido conformando como una extensión de un territorio binacional. Muchas familias tienen parientes del otro lado, algunas de familias que vivían allá desde antes de 1854, cuando se vendió la Mesilla. Resulta complicado dejar de visitar los EUA, pero sí conviene reducir al mínimo esos viajes, al menos hasta que los vecinos solucionen su dilema. Van a sufrir comercios y hoteles: Que ellos reclamen al orate.
 
Mientras tanto, debemos aglutinarnos en un acuerdo nacional que revigorice nuestra cultura y sus lazos con Latinoamérica; que estimule el mercado interno y conceda salarios dignos a las mayorías; que busque nuevos mercados para lo hecho en México, que sea firme en la lucha contra el crimen organizado y la corrupción de los servidores públicos. No parece que los partidos políticos tengan capacidad para liderar un proyecto tal: Deben dejar de ser autoreferenciales, proclives a la corrupción y malos administradores. Es la sociedad civil quien debe construir ese acuerdo, pasar de la protesta a la organización.
 
Es una utopía, pero marca rumbo.
Última actualización el Jueves 09 de Febrero de 2017 09:52
 

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