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Funcionarios públicos y neutralidad política PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Jaime García Chávez   
Lunes 20 de Febrero de 2017 12:33
 
La dirección del Partido Acción Nacional en el estado de Chihuahua, encabezada por Fernando Álvarez Monge, convocó a los funcionarios públicos a un evento netamente partidario. Se realizó hace poco más de una semana agenciándole a Javier Corral Jurado una audiencia a modo para que pronunciara uno más de sus discursos. Nada que esté prohibido por la ley, como es obvio, pero que desdice bastante la vocación por la democracia en asunto tan sensible como valerse de los vínculos que atan a la burocracia con sus altos y jerárquicos mandos. A través de mi cuenta de Facebook expresé mi irónico malestar con el hecho y se desató una polémica en medio de la cual me comprometí a dar un punto de vista más preciso sobre este asunto.
 
De entrada debo decir que el timing político no fue el mejor: en pleno mes del Centenario de la Constitución de 1917, los discursos frisaron sobre la apología del Código de Ética que se decretó y que en realidad sólo es un manojo de buenas intenciones, cuando que lo correcto sería sujetarse a la fría ley que establece obligaciones y facultades, como corresponde al Estado de derecho. En realidad esa no es la miga esencial de la crítica, ya que va más allá para tocar temas de verdadero fondo que tienen que ver en parte con la política y en parte con la cultura política que se promueve. Me explico: un gobierno de vocación democrática ha de alentar, cuando menos, dos visiones precisas que tienen que ver en general con la administración pública y en concreto con sus funcionarios.
 
El funcionario público es un ciudadano con plenos derechos y al que se le deben garantizar todas y cada una de sus libertades y, desde luego, debe cumplir con todas sus obligaciones y deberes en mérito a la percepción que el pueblo tiene de ellos en cuanto a empleados de la sociedad, que reciben un sueldo que deriva de las contribuciones que hacen los causantes al erario. Quizá decir esto en Suecia suena extraño, porque todos los nórdicos de ese país se voltearían a ver unos a otros con cara de extrañeza ante esa temática. En México no tenemos esa realidad, la burocracia siempre ha sido tratada como la reserva incondicional de los gobernantes, para la corrupción política en los casos graves y como destacamento electoral en cuanta elección acontece. El PRI, particularmente, ha abusado de esto como bien se sabe, y el antecedente remoto de este decadente partido, o sea el Partido Nacional Revolucionario (PNR) hasta se hacía un descuento de un día de salario para el sustento del mismo. Práctica que llega a nuestros días: recordemos que César Duarte, a través de la Secretaría de Hacienda de Jaime Herrera practicaba descuentos y hasta, mediante oficio, se le hacía saber al PRI de lo recaudado. Ignoro si realmente ese dinero llegaba a su destino.
 
En este sentido hay dos propuestas que complementan al sistema democrático: de una parte la obligada neutralidad de la administración pública frente a la sociedad, para que no se vea al partido en el poder feudalizando a los funcionarios públicos. La otra tiene que ver con el servicio civil de carrera, es decir, capacitar permanentemente al burócrata para que realice con alta calidad su tarea y a la vez garantizarle que sea cual sea el partido que gane una elección, los puestos clave del funcionamiento gubernamental no van a ver removidos arbitrariamente por razones partidarias, como acontece en los sistemas conocidos como de despojos (spoil system); o sea, aquel que convierte al partido ganador y a los triunfadores electorales en verdaderos buitres a la caza de los puestos para ocuparlos con sus correligionarios, en pago por los servicios recibidos a lo largo de la campaña y la promoción del voto. En otras palabras: el empleo de la nómina como mecanismo de compulsión, como instrumento de atrincheramiento con un grupo prácticamente cautivo sobre el que se ejerce un detestable vasallaje, más en tiempos en los que el empleo escasea y los salarios son precarios.
 
Causó alarma entre los burócratas saber que Álvarez Monge convocaba a nombre de su partido a los funcionarios, en primer lugar porque prácticamente lo tomaron como una especie de orden, pero sobre todo hubo asombro porque no pocos duartistas continúan en cargos fundamentales, cuando lo lógico resulta que debieron ser removidos porque su estancia en ellos da pábulo permanente al sabotaje y la desorganización del trabajo en perjuicio de la sociedad. Algunos burócratas con los que he conversado me han comentado la burla de que fueron objeto, bajo el argumento de que ni en los peores tiempos del duartismo llegaron al atrevimiento de llamar a una reunión de ese corte, así fuera en domingo, día de descanso obligatorio.
 
Además se desató una intriga a lo largo de esta semana que concluye, pues menudearon las miradas de los que asistieron en contra de los que no asistieron, y la reconvención de las razones para no obedecer la orden del partido gobernante. Dígase lo que se diga, en esto hay inercias que se imponen, y una de ellas tiene que ver con este sojuzgamiento en el cual los burócratas se ven impelidos a obedecer aunque no haya obligación de hacerlo. Pero eso le interesó poco al líder albiazul. Ayuno de convocatoria, simplemente echó mano de la burocracia. Signo ominoso que nos hace pensar en que el patrimonialismo sigue lastrando la democracia y que la idea del partido de Estado no se ha ido del todo ni en la casa del PAN que históricamente lo detestó.
 
Obvio que para algunos panistas el hecho no tuvo mayor incomodidad que impedir la asistencia a la misa de doce; seguramente lo hicieron por la tarde. Pero el evento sirvió para que el gobernador dijera que hacía unos cuantos meses en su partido se peleaban por los mejores puestos en las candidaturas, que los convidados eran muy pocos, pero que ahora, por cientos, abarrotaban un local suntuoso, como el Centro de Convenciones; y aprovechando el domingo, según las usuales malas crónicas de los lunes, hasta dijo que ya venía el 2018 y que había que ganar las elecciones. Se traslaparon, confundiéndose grotescamente, las filas del partido con las filas de los servidores en la administración pública que asistieron. Abusaría de la categoría si dijera que esto es totalitarismo, mas no si digo que es una práctica que algo se le aproxima. Y no exagero, porque no fue la apología de las prácticas constitucionales las que ahí se exaltaron, sino las del Código de Ética que alguien redactó e impuso, olvidándose de la ley y de que las leyes se hacen en un poder que no es precisamente el Ejecutivo.
 
Cuando uno observa estos sucesos, tiende a sentir envidia del constitucionalismo alemán que muy claramente preceptúa que el poder legislativo está sometido a la constitución, y el ejecutivo y el judicial a la ley y el Derecho, así, con mayúscula en el texto de Bonn, y creo que para el caso que me ocupa, de una pertinencia fácil de entender.
 
Le vendría bien al líder azul de Chihuahua leer algo de democracia y controles en la administración, sobre todo los más avanzados modelos que exponen la necesidad de administraciones públicas neutrales. Porque si las diferencias entre el PRI y el PAN son nada más de matiz o circunstancia, eso da pábulo para que siga reinando la opinión dominante de que dentro de la clase política todos son iguales.
 
No pierdo la tentación de dejarles aquí una cita salida del brillante talento del español don Eduardo García de Enterría: “…ante la prepotencia de los partidos, ante el panorama de una corrupción peligrosamente extendida, ha resultado una exigencia especialmente enérgica en el funcionamiento de la Administración actual la de robustecer su objetividad e imparcialidad, la de su buena fe correlativa y todo ello, necesariamente con la garantía de su neutralidad política”. Ojalá y tomen nota.
 
Última actualización el Lunes 20 de Febrero de 2017 12:36
 

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