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Lilia Cisneros
Escrito por Lilia Cisneros Luján   
Martes 28 de Febrero de 2017 00:00
Ha trascurrido, año y medio de la reunión de alcaldes y ministros –por iniciativa de la OCDE- para analizar y presentar propuestas vinculadas al desarrollo urbano. Entre los temas que dieron origen a esta y otras reuniones previas, se consideraron los factores de crecimiento y envejecimiento de la población, el acceso a la vivienda, la infraestructura básica que esta debe tener, así como los rezagos, sobre todo en ciudades del mundo en desarrollo, que han dado lugar a altos porcentajes de destrucción de zonas de reserva ecológica y manchas de hacinamiento humano sin las condiciones mínimas para la vida.
 
Hoy por hoy se estima que para el 2030 –dentro de 13 años- tres billones de personas es decir el 40% de la población mundial requerirá de cubrir necesidades básicas vinculadas no solo con la vivienda sino con el empleo y los servicios, lo cual según algunos analistas significa que es necesario construir casi doscientas mil viviendas diarias.
 
Al escuchar estas cifras a muchos desarrolladores les empieza a tintinear un campana de oportunidad de mercado que desafortunadamente, por la carencia de planeación, de normas claras en “como, donde y para que” se convierte en negocios poco honestos y una serie de variantes de la corrupción.
 
Con solo observar –en el norte y oriente de la ciudad de México- podemos dimensionar el fracaso de tales acciones y el desperdicio de recursos en cientos de casas abandonadas, cifra casi proporcional al aumento de asentamientos irregulares en laderas de cerros sin drenaje ni servicios de agua o energía. Hay ciudades en América Latina donde hasta el 80% de la población vive en tales condiciones[1]. ¿Por qué los esfuerzos de redesenficación en la capital mexicana se enfocan a centros históricos de las delegaciones en vez de planear como resolver esto en Iztapalapa? ¿No ha sido suficiente ejemplo de los errores de planeación el despoblamiento de centro histórico de toda la ciudad?
 
La carencia crónica de viviendas accesibles, sostenibles e inclusivas, es la muestra física de políticas inadecuadas –se sospecha que en algunos casos es intencional- en el ámbito urbanístico; aun cuando por décadas la ONU-hábitat, a insistido en su oferta de apoyar a los estados miembros con la implementación del derecho a una vivienda digna. Si las estrategias de vivienda, a nivel nacional y local, suponen el respeto de uso del suelo, la habilitación de infraestructura idónea en términos de desarrollo y movilidad ¿Por qué la gente usa más horas en trasladarse que en rendir laboralmente?
 
Desde finales de los setenta, se enunciaron políticas tanto de descentralización de empresas y oficinas gubernamentales, así como la recomendación  de contratar a personas en el ámbito cercano a estos centros de trabajo ¿Por qué hoy los bancos y las empresas trasnacionales tienen como política mover de cuando en cuando a sus empleados, con la justificación de medidas de seguridad interna? ¿En cuanto disminuirá la presión, si a los cientos de palomares construidos en las afueras de la ciudad, se les agrega una clínica familiar, espacios para el desarrollo de pequeños comercios –hoy informal y que se regularizaría- una escuela, un centro recreativo con espacios para el deporte? ¿Por qué esta vivienda de menos de 70 metros no se concibe dentro de las propuestas de oferta para una sola persona que es también una opción para jóvenes que siguen abonados en la casa paterna?
 
Hablando de las recomendaciones mundiales para vivienda de una sola persona, los visionarios han visto ahí otro nicho de mercado para población mayor de 65 años. Salvo los desarrollos de altísimo costo como el recientemente inaugurado en Santa Fe[2] por un exitoso empresario extranjero, poco se esta previendo en nuestro país para atender a una población que hoy se estima en casi 10 millones de la cual el 50% carece totalmente de lo mínimo para continuar una vida digna[3]. Convocar a los expertos en planeación urbana, en vez de los improvisados e inexpertos hombres de presa cómplices de funcionarios corruptos, para la construcción de viviendas de una sola persona, con pisos anti-derrapables, pasillos y baños amplios, en unidades que permitan la convivencia, con un espacio de reunión común donde los ancianos contrarresten la soledad y el abandono, con las medidas de protección necesarias para evitar desperdicios por fugas –de gas, agua y electricidad o enfermedades por cambios de temperatura y accidentes en baños inadecuados, sería una auténtica fuente de empleo, no solo para los albañiles y técnicos de la construcción sino para cuidadores, médicos familiares y geriatras –solo hay 400- enfermeras, y hasta operadores de transporte público especializado.
 
Este tipo de desarrollo, bajaría la presión del comercio informal, que se instala en calles de la ciudad aun cuando vive en delegaciones y municipios lejanos a donde se establecen a merced de lideres voraces y autoridades deshonestas. Empezar a asumir soluciones habitacionales acordes a las necesidades de los mayores de 65 años[4], va más allá de la construcción de asilos –que mayormente son casas grandes semi-adaptadas como una fuente de negocio- es menester además de la construcción diseñar y poner en marcha opciones de financiamiento que no caigan en el abuso bancario que aumenta las tasas de interés a estas personas o en pensiones que consideren el pago de una renta idónea de tales viviendas.
 
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[1] De hecho, a partir del 2000 esta cifra ha aumentado en 55 millones de personas en el planeta. Lo cual para el caso de América Latina significa un total de 111 millones de gente sin vivienda formal; superado por África subsahariana, que cuenta con 199,5 millones de personas residiendo en asentamientos precarios; Asia meridional, con 190,7 millones y Asia oriental con 189,6 millones.
[2] La empresa de José Shabot Cherem, presidente de Belmont Village Senior Living México.
[3] En México en solo 5 años –del 2010 al 2015- los adultos mayores pasaron de ser el 6.2% del total de la población, al 7.2% y se estima que el 50% vive en condiciones de pobreza patrimonial con ingresos promedio de 80 mil pesos anuales. Para el 2040, se espera que el 25% de los habitantes de la ciudad de México será mayor de 60 años.
[4] La Comisión Nacional de Vivienda (Conavi) considera que en 10 años más alojar a los ancianos será un verdadero problema, amen  de que en dicha población el 30% muere por accidentes en el hogar.
Última actualización el Martes 07 de Marzo de 2017 13:44