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Lilia Cisneros
Escrito por Lilia Cisneros Luján   
Miércoles 29 de Marzo de 2017 14:27
No son muchos los que se atreven a entablar un diálogo civilizado, con interlocutores de corrientes de opinión diferentes ¿Qué temas trataría un jihadista con un pacifista?  Si el origen de ambos dialogantes es musulmán ¿eso facilitaría el manejo de los conceptos? Seguramente le ha tocado ser testigo de una conversación de “expertos en política” en la cual uno de los participantes enfurece, si otro hace señalamientos en contra de MORENA o su líder[1] y un sereno observador puede notar el alto grado de resentimiento –individual y de grupo– cuando de señalar defectos y fallas del PRI o el PAN –más del primero que del segundo–se trata.
 
Quizá como resultado de la globalización hay factores comunes en todas las geografías: despliegues de fuerzas encargadas de “controlar el orden”; verdadero odio de las poblaciones a tales personajes “represores”; tasación generalizada de los políticos como gente corrupta, disfuncional o poco capaz de entender lo más simple de los procesos indispensables en todo gobierno y en el otro extremo seguimiento irracional y casi fanático de aquel que se supone similar al pensamiento de ciertos estratos socio-económicos.
 
Recuerdo a mediados de los 70 la conversación con una abuela alemana, cuya hija y nieta nacidas en México evitaban hablar de Hitler y los nazis. Esta señora de entonces casi 60 años, admitió haber formado parte activa y entusiasta de las juventudes afines a dicho “líder”; sin el menor asomo de culpa, consideró que algunas cosas les eran ocultadas pero que en general “Adolfo” tenía la razón y, lo más sorprendente, aseguró que de no haber sido vencidos los arios otra sería la versión de los hechos y el estado del mundo.  Yo seguí visitando a la anciana hasta su muerte y siempre que me confesaba su entusiasmo me pedía que no lo comentara con su hija ni su nieta. ¿Eran peores los arios con sus “perversidades” médicas que los hoy involucrados en la investigación para la guerra biológica?
 
Por supuesto que a lo largo de la historia ha habido disensos que dieron lugar a guerras, abusos y retrocesos. En el siglo XXI el fenómeno se magnifica por la influencia manipuladora de la mayoría de los medios de comunicación masiva, empeñada en calificar numéricamente a sus audiencias y desentendida de  las ventajas que para los pueblos implica el desarrollo de procesos de madurez personal y por ende colectiva.
 
El pasado miércoles 23 se cumplieron 23 años de la muerte de un mexicano que aspiraba a ser presidente de la república. En este doble 23, no se escucharon las voces de gente cercana a la cual en algún momento se califico como las “viudas” de Colosio; apenas un par de periódicos de circulación nacional dieron cuenta de desangelados eventos donde parecía ser más importante el mensaje futurista que la memoria de Luis Donaldo. ¿Por qué los tránsfugas del PRI, se hacen “ojo de hormiga” aun cuando en su momento vitoreaban al sonorense hoy apenas recordado? ¿Se inspiró en estos “mustios” Woody Allen para asegurar que “la vocación del político de carrera es hacer de cada solución un problema”?
 
Por todo esto es que me permito recomendar -tanto a los incrédulos de la política como a los que llevan en la sangre la idea de servirse haciéndoles creer a los gobernados que se les sirve gastando para ello miles de millones- que lean la obra publicada en México por la UNAM en la cual se transcribe el diálogo epistolar de Humberto Eco de formación primaria en colegio salesiano y el jesuita Carlo María Martini. Para el nivel de reflexión madura del entonces maestro y filosofo ateo de la Universidad de Bolonia y el cardenal obispo de Milán, el aborto, el sacerdocio femenino, el fin del mundo y la base de la ética no significó el inicio de la guerra ente los que creen y los que no creen, por el contrario este diálogo promovido por la revista italiana liberal sigue siendo hoy una  invitación a la reflexión más allá de la posición personal de cada una de los personajes o la del lector. ¿Cuántos problemas de la humanidad acerca del sentido de la vida encontrarían cauces de esperanza y existencia armoniosa si dialogáramos como lo hicieron estos dos personajes hoy ausentes?
 
Con todos sus defectos y fracasos Winston Churchill advirtió que “el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones” ¿Vislumbran los ciudadanos franceses a alguien con este perfil entre los candidatos cuya votación se dará en el mes de abril? ¿Cuántos mexicanos ejercerán su voto el próximo junio, sobre la base de la reflexión y no de la emoción vengativa?
 
Tanto Humberto Eco como Carlo María Martini coinciden en la posibilidad del fin de los tiempos. El fin del mundo para uno se establece en el Apocalipsis, aunque ambos incluyen en su señalamiento la ecología y la política como factores del colapso; y lo más interesante es que ambos consideran que sí hay caminos de desarrollo y progreso tanto para creyentes como para no creyentes.
 
El ingrediente sine qua non, es actuar de manera responsable para con el entorno, buscando coincidencias al margen de las creencias a fin de construir un mundo justo y digno para todos. ¿Se logrará espiando la intimidad del otro, matando al que piensa diferente, imponiendo al opositor nuestra visión[2] expulsando al más débil –por la guerra o la falta de oportunidades- solapando al infractor?
 
Ojala muchos consideráramos que las posibilidades se amplían si podemos encontrar coincidencia en medio de la disidencia, en vez de adherirme al menos malo[3]
 
___________________
[1] Me sorprendió sobre manera, como un comensal de edad mayor a los 70 casi se levanta a golpear a una dama por haberle llamado a este personaje “el peje"
2] Eco, no apoya el aborto por considerar que atenta contra el milagro, del nacimiento de una nueva vida, aunque no se siente capaz de imponer su criterio a quién no piensa como él, sobre todo si la ciencia no se pone de acuerdo para definir el momento donde comienza la vida.
[3] "Vota a aquel que prometa menos. Será el que menos te decepcione". Bernard M. Baruch 
 

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