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De elecciones y salpicones PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Ernesto Camou Healy   
Domingo 11 de Junio de 2017 00:00
Los resultados de las votaciones por Gobernador la semana pasada han tenido muchos calificativos que van desde una victoria pírrica hasta un fracaso de la democracia. Hasta el viernes no había resultados creíbles en Coahuila y en el Estado de México; Nayarit es la excepción y ahí gobernará un personaje apoyado por una coalición variopinta que puede marcar una tendencia en el futuro.
 
Hay que constatar que en Coahuila y el Estado de México siempre había gobernado el PRI y que particularmente en la segunda entidad, que es cuna y reducto de poder del presidente Peña Nieto, se considera inadmisible e inaudito que gobierne un partido opositor.
 
Y si ese instituto es Morena, no sólo provoca rechazo entre la vieja guardia del Institucional (y también de la “joven guardia” que calca en modos y hábitos a sus mayores), sino que además aviva una volátil mezcla de rencor y pánico que los mueve a extremos y maniobras que resultan anacrónicos en la construcción de una democracia que parece eludirnos precisamente por la proliferación de mañas y trucos que siguen perpetrando y, peor aún, no encontramos manerade impedírselos.
 
En el Estado mexiquense hubo varios procesos paralelos que permitieron el ascenso de Alfredo del Mazo, quien previsiblemente será declarado ganador de la contienda: En primer lugar se repitieron prácticas tradicionales como compra de votos, presión a los ciudadanos, intromisión del Gobierno federal, rumores y calumnias contra la principal rival y golpes bajos de todo tipo; otra dinámica consistió en la atomización del voto opuesto al PRI: Tanto el PAN como el PRD entraron a la contienda sabiendo que no iban a ganar, y al tanto también que la división en las urnas favorecería a Del Mazo. Resulta interesante comprobar que un partido conservador y otro que se decía de izquierda optaron por favorecer al ejecutivo y su grupo, que les ofrecen más de lo mismo, que a un movimiento que preconiza una reforma a fondo.
 
Ahora bien, el triunfo de Del Mazo, heredero del grupo Atlacomulco y primo de Peña Nieto, parece muy lábil: Su Estado ha sido bastión de políticos priistas desde antiguo, semillero de funcionarios leales a su camarilla y a sí mismos, y siempre han logrado arrollar a los opositores. En esta ocasión, si Del Mazo se alza con la gubernatura, lo hará con un porcentaje de votos inferior en un 50% al que tuvo su inmediato predecesor. La votación por el PRI pasó de más o menos las dos terceras partes de los que votaron, a sólo una tercera. Parece una victoria, pero también es un desplome en las preferencias de los mexiquenses: Si ganó fue “de panzazo” y en contra de las dos terceras partes de los que fueron a las urnas.
 
En este sentido, los comicios de este 2017 están salpicando la presidencial del año que viene; por más que les den el triunfo en Saltillo y Toluca, el proceso que se está definiendo apunta a que la base de votantes del ex partidazo ya no es lo que ha sido.
 
Pero también aparece pristino que tanto el PAN como el PRD que se sienten más cómodos negociando con su antiguo rival que con quien propone cambios más profundos.
 
Estos triunfos inciertos ya se venían venir y desde la presidencia se ha intentado cambiar la imagen del Gobierno con una estrategia un tanto contradictoria, mostrar que están dispuestos a castigar la corrupción y encarcelar a gobernadores, incluso de los suyos, que hayan delinquido profusamente. Eso es bueno, si se mantiene y profundiza, y quien gobierne después no podrá desechar esa práctica.
 
Por otra parte, que en Nayarit haya ganado una coalición compleja es un anuncio de lo que se necesita para avanzar en una transición difícil; si en el Estado de México se hubieran aliado Morena y PRD, Del Mazo habría perdido. Es un camino que no probaron, pero que parece inexcusable.
Última actualización el Martes 13 de Junio de 2017 08:59
 

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