La piñata más grande del mundo PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Francisco Ortiz Pinchetti   
Miércoles 23 de Agosto de 2017 23:04
 
Ya está lista, adornada con papel de china, con sus siete picos infaltables. Tiene alma de barro, pero no lleva cañas, tejocotes ni cacahuates en sus entrañas. Bueno fuera. Está rellenada con puros billetes, de los grandes. Fajos. No uno ni dos: ¡casi siete mil millones de pesos!
 
La Comisión de Prerrogativas y Partidos Políticos del Instituto Nacional Electoral (INE) aprobó esta semana el anteproyecto sobre el financiamiento público de los partidos políticos nacionales y de gastos de campaña del conjunto de candidaturas independientes para 2018. Se espera que el martes próximo el pleno del Consejo General le dé su bendición.
 
Se trata del botín electoral –aunque lo llaman “bolsa”– más jugoso de la historia de este país, según el propio INE. Se lo van a repartir impune y legalmente el año próximo los nueve partidos políticos nacionales con registro. Una parte será para su funcionamiento ordinario durante el año y la otra para costear sus campañas con vistas a las elecciones generales del domingo 1 de julio de 2018.
 
Me gusta la figura de la piñata electoral, con sus siete picos. Es perfecta para el caso. Dicen que esos conos de cartón forrado representan los siete pecados capitales, pero en este caso se trata de los siete pecados electorales: simulación, opacidad, avaricia, trampa, rapacidad, despilfarro y cinismo. Tenemos entonces el retrato completo de la clase política mexicana. ¿O no?
 
La suma total a repartir propuesta es de seis mil 788 millones de pesos, casi mil millones por cada pico de la piñata. Dicha así, la cantidad dice poco: pero si hacemos cuentas resulta que esa suma equivale a 85 millones de salarios mínimos, hoy de a 80 pesos diarios. Es decir, con lo que los partidos se van a botar en unos meses se podría pagar su salario mensual a más de dos millones 800 mil trabajadores.
 
Otro dato da idea del tamaño del despilfarro: El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) anunció hace dos días la construcción de un Hospital General Regional en el municipio de García, en Nuevo León, el más grande de su tipo en el país. Tendrá 260 camas disponibles, con 10 quirófanos, donde serán atendidas mil 700 personas, en 41 especialidades diferentes. La obra tendrá un costo de mil 900 millones de pesos.
 
Es decir, con lo que las agrupaciones políticas se van a quemar –o a robar– para repartirse los tres mil 326 huesos en disputa (desde la Presidencia de la República y nueve gubernaturas hasta 500 diputaciones federales, 128 senadurías, 984 diputaciones locales; mil 598 ayuntamientos, 16 alcaldías de la nueva CDMX, 24 Juntas Municipales en Campeche y 67 síndicos en Chihuahua), se podían construir tres hospitales similares, cuando menos; pero ese dinero no va a servir para nada, se va a esfumar.
 
Bueno, todo ese recurso se destina en realidad a la simulación electoral, para supuestamente preservar a nuestra democracia de los peligros del dinero privado que podría ¡corromperla! Y ya se forman felices, con garrote en mano y los ojos vendados, los dirigentes de todos los partidos, todos, para probar suerte en el reparto millonario. Dale, dale, dale… Ninguno dice no, yo paso. Por el contrario, hasta se empujan. Imaginen su emoción.
 
El primero de la fila es naturalmente el presidente del PRI, Enrique Ochoa Reza, al que le van a tocar nada más mil 675 millones de pesos. Le sigue el panista Ricardo Anaya Cortés, que trae un costal azul para llevarse sus mil 266 millones. La perredista Alejandra Barrales va a alcanzar 759 millones, nada despreciables. Andrés Manuel no pondrá reparos cuando la mafia del poder le entregue los 634 millones que le tocan a su morena. El Verde agarra 552 millones, el MC 511 y Nueva Alianza, 396. Y hasta Beto Anaya, el del PT, tendrá premio de consolación, luego de estar a punto de quedarse fuera del juego: va por 355 milloncitos.
 
Gracias a ese dinero veremos pronto acarreos multitudinarios, mítines preparados como espectáculo estelar, empleo de enormes aparatos de sonido, pantallas gigantes, cañones de luz; invasión de propaganda en calles y bardas de toda la Nación, reparto de cientos de miles de lonches, refrescos, gorras, camisetas, morrales, bolígrafos y delantales… y efectivo, mientras millones de spots –cuya producción cuesta también miles de millones de pesos–, saturan las estaciones de radio y televisión.
 
Aparte, claro, está el costo del aparato burocrático del INE y de la organización de los procesos electorales que le corresponden, así como la infraestructura, la capacitación, la fiscalización y los materiales necesarios (urnas, mesas, mamparas, papelería) para la realización física de los comicios. La cifra final puede superar los 30 mil millones de pesos, lo que hace de nuestra cuestionada y vilipendiada democracia la más cara del mundo: se estima que cada voto cuesta en México unos 28 dólares, algo así como 500 pesos al cambio actual. Cada voto.
 
Y luego resulta que nadie cree en las pinches elecciones. Todos los partidos le entran con ganas a la rebatiña, se hinchan de billete, pero luego los perdedores impugnan y descalifican el proceso, acusan fraude y condenan por parcial y tramposo al árbitro electoral. Las denuncias ciertas o infladas sobre compra del voto, la manipulación de programas sociales o la inyección de recursos públicos a favor del partido en el gobierno, pecados que todos cometen, no abonan precisamente a la confiabilidad de nuestros comicios… aunque sirven al parecer para incrementar el fondo a repartir: cada vez es mayor.
 
Y se llega de plano a desconfiar ya no digamos en los señores consejeros electorales, sino hasta de los propios representantes de los partidos opositores capaces de venderse por una torta. Nadie cree en nada, pero todos agarran. Y somos los ciudadanos los que nos mochamos para costear tamaña farsa cada tres o seis años. Ahí viene ya la piñata más grande del mundo. Válgame.
 
@fopinchetti