Rescatemos nuestro orgullo PDF Imprimir Correo electrónico
Lilia Cisneros
Escrito por Lilia Cisneros Luján   
Viernes 25 de Agosto de 2017 10:22
A pocos días de la euforia priísta por su asamblea y luego de una semana de pasarela mediática de precandidatos, sobre todo los suspirantes a la “gubernatura” de la ciudad de México, apenas el acto de violencia en Cataluña y la poco afortunada huelga de hambre del ex gobernador de Veracruz, nos distrajeron acerca del fin de las vacaciones de verano con las dificultades de movilidad, alta contaminación ambiental y el obligado aumento del stress de todos quienes vivimos en las grandes urbes.
 
Los realmente interesados en el costo de la corrupción, podrán conocer los motivos por los que esta le cuesta a México el 10% del PIB[1] y los simples buscadores de quien la paga aun cuando no se tenga claridad en quien la debe, ocuparán sus esfuerzos en vociferar contra los candidatos y partidos que no son de su preferencia. “Cartuchos y usurpadores quemados del PRI, se han sumando al proyecto monrealista” “El PRI y el PAN ya deberían de cerrar sus oficinas …. y crear museos de lo que fueron y del porqué cerraron sus organismos” “fuera tránsfugas lambiscones” “No les dieron nada allá porque no dan el ancho” “quieren a NNNN, por ser el mejor representante del cártel de la ciudad de México”.
 
Como las rachas de vientos huracanados, los paleros y resentidos –de todos los partidos pero en especial tránsfugas del PRI- declaran, corren rumores, se inventan cercanías inexistentes y presumen de liderazgos numéricos que venden a los que consideran posibles candidatos. ¿Cómo era el PRI de los 50 y los 60? Recuerdo nutridos grupos de jóvenes, dispuestos a trabajar por convicción en labores básicas de militancia: Promover el pensamiento revolucionario, repartir calcomanías, colgar estandartes, participar en concursos de oratoria, capacitarse y estar listos como voluntarios el día de la elección en los sitios de votación. ¿Alguno de quienes hoy frisamos la séptima década recuerda cuando personajes de prestigio en el quehacer político nos recibían y contestaban nuestras preguntas en las oficinas priístas? ¿Cuantos de esos señorones o esas mujeres prestigiosas concluyeron su existir en la modestia republicana? ¿Puede hacer una lista de 50 presidentes municipales o gobernadores, cuyo primer acto de gobierno fue electrificar la entidad donde nacieron?
 
¿Cómo es que pasamos de esta inercia de servicio, característica del desarrollo estabilizador -1952-1970- o milagro económico mexicano, a una crisis sin límites donde parece que todos sin excepción son contaminados por la corrupción? ¿De verdad se acabó la gente honesta en México o son excluidos por esa minoría que solo es movida por las ansias de poder y de dinero? Algunos de quienes responden a este perfil intrascendente, hoy ponen sus “organizaciones adherente al PRI” al servicio de ciertos candidatos de MORENA, algo que muchos aprendieron en la época en que el llamado “basureitor”[2] fue presidente en el DF de este partido. ¿Fueron personas con ese perfil las que lograron borrar de los estatutos la mínima característica de ser militante para merecer ser candidato? Si la identidad con cierto tipo de visión y misión ya no importa ¿Para que queremos partidos?
 
Llamó mi atención el discurso del presidente del Perú, que sin tantas comisiones y de manera muy sencilla logró que su legislativo aprobara una especie de decálogo anticorrupción, donde exige -y al parecer ya lo logró con la chismosa empresa brasileña- que los constructores hagan efectivas las garantías pactadas cuando incumplan; que a tales empresas mal hechas se les prohíba volver a contratar y que se quiten lo derechos políticos a quienes hayan permitido el actuar de esa iniciativa privada mediocre que siempre causa daños a la población.
 
La más elemental sabiduría popular, dice que no es posible chiflar y comer pinole, así debieran entenderlo las organizaciones adherentes que quieren seguir gozando de las simpatías priístas, pero también ver si su chicle pega con MORENA y esto se puede aplicar a pseudo perredistas o panistas, que quieran tener un pie de cada lado de la raya.
 
Lo que le hace falta a México es definición; o se es político para servir o de plano que asuman que son sinvergüenzas con todas las consecuencias que esto implica. Ya es tiempo que los dueños de los medios –sobre todo los electrónicos- reconozcan que en mucho el desencanto juvenil por la política deriva de su nota roja cotidiana y repetida machaconamente en cada noticiero o análisis de sus  peones. Los que ya peinamos respetables grises, debemos alzar la voz para ilustrar a las nuevas generaciones acerca de lo que logró ser México y no intimidarnos por los críticos oficiosos. Lo antiguo no es necesariamente maligno, muchas lecciones podemos sacar de los griegos, los diversos personajes de la ilustración y aun los que vivieron en le oscurantismo algo nos han dejado.
 
No esperemos a que vengan los antropólogos de la historia a rescatar de las ruinas lo que ha sido la dignidad de México. Todavía algo del cimiento de nuestro orgullo permanece en la Constitución de 1917, ser institucional es justamente lograr retomar lo ufano de ser mexicano por la aplicación de leyes idóneas a nuestra manera de ser.
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[1] Tema a exponer en la semana nacional de auditoría gubernamental, con ponentes de la talla de: Arely Gómez, David Manuel Vega Vera, Jacqueline Pechard Mariscal y Emilio Alvarez Icaza entre otros.
[2] Uno de los apodos con los que llamaban a Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre –hijo de  Rafael Gutiérrez- también reconocido como el príncipe de la basura, quien logró sobre todo durante la jefatura de gobierno de Marcelo Ebrad, un control casi total de la ciudad, por medio del reparto prebendas, no solo a militantes priístas sino también a perredistas.