El fin de un sueño PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por J. Jaime Hernández   
Miércoles 06 de Septiembre de 2017 21:31
 
¿Cuántos adjetivos caben en una decisión que amenaza el futuro de más de un millón de jóvenes inmigrantes que llegaron en brazos de sus padres a EU?
 
Supongo que miles. Hoy, muchos de ellos resuenan entre gritos de indignación y llanto de desconsuelo frente a la Casa Blanca. O en las inmediaciones de la Torre Trump en Nueva York donde se han producido varios arrestos de jóvenes protestando.
 
O en marchas espontáneas que se han producido por las calles de Denver, Colorado, o en Los Angeles, California.
 
Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, ha dicho que Estados Unidos vive hoy “uno de sus días más tristes”. Tiene razón. Y las razones esgrimidas por el Fiscal General, Jeff Sessions, para sepultar el Programa de Acción Diferida conocido como DACA —que había beneficiado a un universo de 800 mil jóvenes—, no sólo se antojan insuficientes, sino que son la confirmación de que esta decisión  ha estado movida por la más cruel y aviesa de las razones: la del racismo puro y duro.
 
Porque, más allá de disquisiciones legales o constitucionales. Y más allá de la responsabilidad que le toca a la administración de Barack Obama, por haber fallado a la hora de cumplir con su promesa de una reforma migratoria, la decisión de Donald Trump ha marcado un antes y un después en el terreno de los derechos humanos en EU.
 
Porque la decisión de excluir, marginar y criminalizar a miles de jóvenes que no conocen otro país más que EU, para satisfacer y acallar así los peores instintos de esa base de extrema derecha que apoyo a Donald Trump, supone el inicio de la cacería contra ese grupo de jóvenes que representan el futuro y el principio de un largo calvario para una comunidad bajo permanente ataque.
 
En muchos sentidos, los Dreamers son los náufragos incomprendidos de la era moderna. Las víctimas de sistemas de gobierno que les han dado la espalda. No una, sino varias veces. La mayoría de ellos, salieron en brazos de sus padres. O acompañados por coyotes que les cruzaron con nocturnidad por la frontera, para reunirse con esa familia que lo arriesgó todo para huir de la pobreza, de la violencia en países como México para tratar de ofrecerles un futuro mejor.
 
Hoy ese futuro bajo Donald Trump se ha convertido en una pesadilla.
 
Hace poco, Sarahí Espinoza, una Dreamer que es considerada como una de las jóvenes más influyentes en la industria educativa de EU (según la revista Forbes), nos contaba la forma en que llegó a pensar en quitarse la vida cuando descubrió que era indocumentada y no podía seguir sus estudios en la universidad.
 
Después de superar una depresión y buscar ayuda, Sarahi consiguió continuar con sus estudios y hoy es una de las más reconocidas líderes del movimiento de los Dreamers.
 
Tras la muerte de su padre, quien cayó víctima de cáncer, su madre se trasladó a México desde donde no ha podido regresar, por falta de papeles. Casi la mitad de los hermanos de Sarahí están en las mismas circunstancias.
 
Con todo y ello, Sarahí ha decidido seguir sus sueños. Y, seguramente, la decisión de Donald Trump, no podrá detenerla en su empeño por conquistar incluso un cargo de elección popular.
 
Pero, no todos los Dreamers son Sarahi Espinoza. Muchos de ellos, han corrido con menos suerte. Como Juan Manuel Montes, quien fue deportado en febrero pasado a México a pesar de que contaba con la protección del DACA.
 
La guerra declarada contra la comunidad inmigrante en general y los Dreamers en particular quedará registrada en los libros de historia como uno de los pasajes más crueles y vergonzantes para una democracia que hoy da tumbos bajo el liderazgo de un presidente inexperto y racista, que se embosca detrás de una amenaza de demanda encabezada por el estado de Texas para acabar con el DACA por la vía judicial.
 
La decisión de dejar en manos del Congreso, una de las instituciones peor valoradas por los ciudadanos, la solución de un problema que ha sido utilizado como moneda de cambio tanto por demócratas como por republicanos, amenaza con desatar una guerra civil entre republicanos mientras complica las posibilidades de acuerdo con el partido demócrata.
 
Si el Congreso es incapaz de alcanzar un acuerdo antes del próximo 5 de marzo, cuando expira el DACA, miles de jóvenes indocumentados estarán en peligro de ser arrestados y deportados.
 
Se habrá cumplido así una de las promesas de campaña de Donald Trump, cuando anunció que pondría fin al sueño de miles de jóvenes indocumentados que hoy siguen siendo criminalizados por la Casa Blanca.
 
A manera de ejemplo, ahí esta el pronunciamiento de Sarah Huckabee, la portavoz de la Casa Blanca, que ha insistido en el argumento de que los Dreamers son en buena medida responsables del desempleo que afecta a casi 4 millones de jóvenes estadounidenses.
 
Y que decir de las declaraciones de Trump, quien ha sugerido que muchos Dreamers son aliados de las pandillas como la Mara Salvatrucha.
 
 
Todo con el fin de satisfacer a su base electoral y, de paso, justificar una decisión tan cruel como injusta para poner fin al sueño de quienes hoy siguen luchando por su futuro con uñas y dientes.