El sismo y los afectados PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Ernesto Camou Healy   
Miércoles 27 de Septiembre de 2017 12:55
El pasado martes 19 de septiembre, a unos 51 kilómetros de profundidad bajo Atencingo, Puebla, las placas tectónicas de Norteamérica y la de Cocos en una disputa por acomodarse geológicamente, generaron una gran tensión cuando la segunda saltó y se acomodó unos metros por encima de la primera. Eso provocó un movimiento que afectó todo el Centro del País. Fue un rudo aniversario de otro temblor, el de la misma fecha de 1985, cuyas consecuencias fueron muchísimo más devastadoras que el actual
 
El sismo fue poco después del mediodía y dos horas antes había terminado un simulacro de terremoto que pudo haber contribuido a que se salvaran muchas vidas unos minutos más tarde. En varias zonas de la capital algunos edificios se vinieron abajo y de inmediato comenzaron a aparecer videos y fotos en las redes sociales: Empezó un proceso de ayuda y solidaridad espontánea en el que muchos y muchas corrieron a ayudar a los más afectados. Algunos subieron a construcciones endebles a apoyar a discapacitados, ancianos y niños; otros se acercaron a las ruinas y comenzaron a buscar sobrevivientes; muchos acarrearon agua y botiquines a los sitios afectados y el Gobierno, hay que reconocerlo, puso en marcha con eficacia un plan de emergencia con la participación de las fuerzas armadas.
 
Impresiona, y genera esperanza, la capacidad de entrega y organización de la gente para ayudar al vecino, al desconocido, al que sufre. De pronto, la masa anónima que pulula por calles y barrios de la capital, y otras poblaciones afectadas, adquirió conciencia colectiva, se empezó a mover unánimemente para auxiliar y salvar vidas, cooperar en remover obstáculos y acercar ayuda a los afectados. Hubo una reacción de generosidad y entrega frente a la tragedia inmediata. La fuerza telúrica desató una respuesta de energía solidaria y amorosa que, desearíamos, se pudiera encauzar posteriormente a la reconstrucción de México, en lo social y lo político.
 
La ayuda en maquinaria, víveres y agua, comenzó a llegar desde la misma ciudad y también desde lejos. Las redes sociales y las televisoras nos mostraron el tamaño del problema y movieron al sentir con los que sufren. Pero también han provocado que se sepa menos de los que están más apartados, pueblos y comunidades rurales de los estados vecinos, de Morelos, Puebla, Guerrero o Chiapas. Hacia ellos también se debe orientar nuestra solidaridad.
 
A dos días de la tragedia hay recursos que parecen suficientes para las zonas cercanas a la Ciudad de México, pero hay que insistir en que los problemas permanecerán por meses mientras se reconstruyen viviendas, hospitales y centros de trabajo. Pasará el tiempo y la necesidad seguirá: en ese futuro inmediato debe pensarse, pues son muchos los afectados que no cuentan con medios para construir o rentar otra vivienda, o trabajar y sobrevivir con dignidad, ellos necesitarán ayuda por meses… y no sólo en las ciudades, sobre todo en comunidades campesinas desperdigadas y medio olvidadas. Hacia ellos hay que voltear la mirada.
 
Pero el pueblo organizado e inquieto ya volvió la atención a otra situación también urgente: Las sumas millonarias que los partidos políticos se asignaron a sí mismos los últimos años, en una movida para asegurarse bienestar y capacidad para promoverse, que no se han reflejado en mejoría para las mayorías, ni en solución de problemas que siguen crónicos… Hacia esas prebendas se dirigió la atención de muchos mexicanos que empezaron a urgir, exigir, que una porción de esos recursos, aparentemente mal usados, se destine a la reconstrucción de pueblos, barrios y zonas afectadas…
 
Se está dando un encontronazo, no entre placas geológicas sino entre millones de ciudadanos y una élite política que parece haber olvidado su razón de ser. ¡Enhorabuena! Exijamos, repudiemos usos y costumbres aberrantes de la clase política, que una consecuencia del sismo sea la limpieza, o descarte, de organizaciones que son, desde hace tiempo, anacrónicas y poco aptas…