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La caravana es una escuela para tomar conciencia de la dignidad y contra la simulación: Camilo Daniel PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Camilo Daniel Pérez   
Lunes 22 de Enero de 2018 13:57
 
La simulación no es otra cosa que fingir, aparentar que somos una cosa cuando somos otra, o bien, fingimos que estamos llevando a cabo una acción cuando en realidad no la estamos llevando a cabo o estamos haciendo otra cosa diferente. Por ejemplo, cuando se aparenta ser bueno, honesto, recto y se es totalmente lo contrario. 
 
Ahora bien, hay de simulaciones a simulaciones. Por ejemplo, podemos fingir que no estamos cansados o molestos cuando en realidad lo estamos. Muchas cosas las simulamos incluso para una buena y sana convivencia; sin embargo, cuando al pecado social de la corrupción se le empareja la simulación, ésta se vuelve un pecado social igualmente nocivo y desastroso para la convivencia social.
 
Durante el mandato de César Duarte hubo simulación por todos lados: Hubo algunos  medios de comunicación que expresamente se encargaban de cuidar la imagen del mandatario. Sus más cercanos colaboradores lo cubrían con un halo de decencia y honestidad. De los actos de corrupción se hablaba y cuchicheaba en corrillos secretos y tras bambalinas. La casa del gobernador es un símbolo, ni más ni menos, del compadrazgo entre la corrupción y la simulación. Una casa que a la vista aparece hermosa y decente, con despacho para los asuntos públicos y, sin embargo, el sótano de la misma era una fritura de corrupción con documentos secretos. Incluso el exgobernador se codeaba con la alta jerarquía y hasta aceptó consagrarse al Sagrado Corazón de Jesús en un acto masivo  y majestuoso de la Iglesia, una verdadera simulación religiosa, manipulando la religión para encubrir sus delitos. César Duarte usaba la zanahoria  o el garrote, como lo dice Denisse Dresser refiriéndose a la Secretaría Federal de Hacienda, para corromper o para mantener la simulación.
 
Corrupción y simulación juntas han hecho de nuestro País un desastre. César Duarte sólo es un grotesco ejemplo de lo que sucede desafortunadamente en el País entero. Así lo estamos constatando ante la red de corrupción que se ha ido descubriendo a partir de las investigaciones sobre la administración duartista. 
 
Para descubrir la llaga lacerante del País y evidenciar la corrupción hay que evitar a toda costa la simulación aparentando que todo está bien cuando todo está mal. La pus y la podredumbre no sanan ocultándolas con un parche, sino haciéndola evidente y aplicando los remedios necesarios. México seguirá siendo el mismo, con sus atrasos, su hambre, su pobreza y su violencia si no se arranca de raíz la corrupción que se ha hecho endémica, ha podrido nuestro sistema político y ha permeado hasta nuestro mismo estilo de vida. Se han perdido más vidas por esta red de corrupción y un sobrentendido pacto de impunidad y simulación que por la misma delincuencia organizada. Por todo ello, son necesarias las investigaciones, acabar con la impunidad de los corruptos y, por ello, es necesaria e indispensable la participación  de  la ciudadanía con sus diversos sectores en el gran movimiento anticorrupción lidereado por un Gobernador de la talla como lo es Javier Corral Jurado.
 
Dicho movimiento es altamente político porque se trata de rescatar el profundo sentido y el noble quehacer de la política que es el Bien Común liberándola precisamente  de intereses particulares, de influyentismos, de negocios turbios y hasta mafiosos. Es un movimiento profundamente social porque busca la reconstrucción del tejido social y la recuperación de todas y todos nosotros los mexicanos como ciudadanos responsables y merecedores de una Patria mejor. Lo que está haciendo Javier Corral es una de las más nobles tareas que todo funcionario público debería hacer. Quienes opinan que el Gobernador Corral renuncie y se dedique a la marcha han perdido el rumbo, la brújula de lo que debe ser la política y quien afirma que la caravana es innecesaria  ha perdido la sensibilidad social, desconoce el profundo sentido que tiene la Patria como pueblo y nación para refugiarse cómodamente en su propia torre de marfil. Los actuales gobernadores, del partido que sean, si permanecen  indiferentes ante este gran movimiento encabezado por uno de sus colegas, sólo me lo explico de dos formas: o se los tienen muy agarrados o necesitan unas clases de lo que es una verdadera República y lo que debe ser un Estado libre y soberano. Este gran movimiento político y social es y deberá ser, como lo dijo el mismo Javier,  una “Revolución de las conciencias” y un despertar de nuestras inercias como ciudadanas y ciudadanos. Estoy totalmente seguro que esta caravana de la dignidad y la justicia es la mejor escuela, que en muchos años no habíamos tenido, para tomar conciencia  de lo que significa nuestra dignidad como personas, como pueblo, como un Estado libre y soberano de nuestra República Mexicana y, por tanto,  que debe ser tratado con dignidad y justicia por la Federación. Por todo ello, Javier Corral Jurado ¡No estás solo! ¡No estás solo!    
 
Última actualización el Lunes 22 de Enero de 2018 14:04