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Romeyno Gutiérrez, el primer pianista rarámuri PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Daniela Medina / SinEmbargo   
Lunes 05 de Marzo de 2018 19:59
 
Aprendió los notas musicales antes de hablar español. Desde los cinco años su curiosidad por la música lo hizo querer aprender, de la mano de su maestro Romayne Wheeler, las piezas de Mozart y de Chopin. A la fecha, se ha presentado en ciudades de Estados Unidos, Europa y en el zócalo de la capital mexicana, pero el primer concertista tarahumara se sigue preguntando si fue buena idea o no, abandonar su comunidad.
Video: Cri Rodríguez
 
 
– “Cuando inicié mi carrera pensaba en regresar, pero ahora voy cambiando de mentalidad, pienso que si estoy en una ciudad donde hay más contacto con la gente puedo conseguir más ayuda para ellos, porque si estoy en la comunidad [rarámuri] allá no hay señal, estoy perdido, pienso que estando aquí puedo ayudar más y salir con más facilidad a los conciertos”, dice Romeyno Gutiérrez, el primer pianista de la Sierra Tarahumara momentos antes de ofrecer un recital en la Ciudad de México.
 
Romeyno obtuvo su nombre de Romayne Wheeler, un estadounidense que al igual que otros artistas extranjeros, se quedó prendado a la Sierra Tarahumara. Fue un viajero que pasó su vida en Austria, República Dominicana y por supuesto México, a donde llevó su piano, hasta lo más recóndito, pacífico y respetado del país.
 
Ahí, en Retosachi, Romayne conoció a Juan Gutiérrez el violinista más importante de la localidad e hicieron migas al grado que Juan prometió llamar a su primogénito como el californiano. Éste apadrinó entonces a Romeyno, quien desde los cinco años comenzó a sentir curiosidad al ver a Wheeler sentado frente al piano.
 
Con una vestimenta azul con blanco y un paliacate rojo anudado en el cuello, Romeyno concedió una entrevista a Magazine media hora antes de su concierto en la Casa Chihuahua de la CdMx. Actualmente el joven vive en la ciudad de Chihuahua, donde estudia la licenciatura en Música. Desde ahí, extraña la paz y la tranquilidad que le ofrecían sus tierras y se cuestiona –todavía sin respuesta– si fue o no una buena idea salir de su comunidad.
 
“Muchas veces yo también me hago preguntas que nunca he podido resolver, si ha sido bueno o malo para mí salir. Malo porque he aprendido muchas mentiras, en la comunidad no hay mentiras, no hay groserías y en la ciudad siempre andamos a contrarreloj, siempre hay mucho estrés. Allá no existe nada de eso, si trabajas sólo una hora no pasa nada y acá en la ciudad, pues te corren.
 
Fue bueno porque pude conocer otro mundo y malo porque ya estoy acá, estoy viviendo como de la ciudad y tengo que pagar renta, tengo que comprar tanque de gas y mientras en la comunidad no existe el dinero [dice entre risas] han sido muchas preguntas que me hago, que no llego todavía a una respuesta, porque de alguna manera a lo mejor si no hubiera salido hubiera estado feliz sin preocuparme porque al día siguiente tengo que comprarme un kilo de tortillas, allá vives sin estrés. A veces concuerda y a veces pienso que sí estuvo bien salirme”, reflexiona el pianista.
 
Otro extranjero encantado por esta cultura fue Bob Schalkwijk, un fotógrafo que a lo largo de 50 años hizo 14 visitas a las comunidades rarámuri, de donde surgió un libro y varias exposiciónes. Durante la presentación de una de las más recientes en la Ciudad de México,  Schalkwijk dijo: “De todo los lugares que he visitado en México y otros países, la sierra Tarahumara es la más extraordinaria. Es un gran imán”. Romeyno concuerda, hay que estar ahí para experimentar lo que significa estar aislado: “es algo muy impactante, necesitas vivir en la Sierra Tarahumara para poder conocer y verdaderamente sentir que estás ahí. Su cultura, siempre he dicho que la música es sinónimo de alegría porque en la cultura es parte elemental de las fiestas, si no hay fiesta no hay música y si no hay música no hay fiesta”.
 
“Es difícil definirse a uno mismo. Siempre todos los rarámuri hemos sido muy reservados, siempre estoy en mi mundo, todavía no me acostumbro a familiarizarme con la sociedad, a lo urbano. Me considero pacífico, tranquilo, como lo es la comunidad rarámuri, todo es muy en paz”.
 
Aunque no ha tenido algún discípulo, desea regresar a su comunidad y hacer que el paso de su maestro no haya sido en vano. Foto: Cri Rodríguez
 
DAR ALGO BONITO AL PÚBLICO
Para el músico es difícil desligarse de su cultura, pero por supuesto, no es algo que siquiera intente. Al inicio de sus conciertos siempre da una bienvenida en tarahumara y sus primeras cinco piezas son canciones tradicionales adaptadas al piano y luego se sigue con los clásicos, los de Chopin sus favoritos. Su vestuario es siempre un traje regional, generalmente de color azul, su favorito.
 
“Para mí es una gran emoción poder estar frente al piano y poder compartir con el público, poder transmitirles algo que pueda ser desarrollo para su mentalidad, para su cuerpo y que con la música ellos puedan sentir paz, lo que más deseo es transmitir algo bonito al público. Verme es impactante para la sociedad, inclusive en Europa, me esperan con ansia y deseando escucharme”m finaliza Romeyno
Última actualización el Lunes 05 de Marzo de 2018 20:12