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Haití: La Caída de las Estructuras PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Ernesto Camou Healy   
Miércoles 20 de Enero de 2010 08:59

La tragedia que se vive en Haití resulta estremecedora y totalmente lógica. Conviene escudriñar la historia de ese pueblo hermano para entender y movernos a la solidaridad.

Cristóbal Colón la descubrió el 12 de octubre de 1492 y la llamó La Española. Se encuentra en el Caribe, a unos 80 kilómetros al sur de Cuba. Son dos los países que comparten la isla: la República Dominicana, al oriente, y Haití, al occidente. Este tiene forma de una C invertida (⊃), con dos penínsulas al sur y norte que se adentran hacia el mar por el Oeste, y tiene un tramo montañoso al oriente que limita con la Dominicana. El país es tan pequeño que cabría con amplios sobrantes entre Guaymas y Nogales.

España la colonizó y obligó a los nativos a realizar trabajos forzados a tal grado que para 1514, los malos tratos y las enfermedades europeas habían reducido a los aborígenes de varios cientos de miles, a sólo unos 30,000. Prácticos y brutales que eran, los colonizadores resolvieron su problema importando esclavos de África.

En 1697 Francia tomó posesión de la isla y la convirtió en su más productiva colonia: sembraban café, cacao, caña de azúcar y algodón en plantaciones que desmontaban con trabajo esclavo. A los negros les permitían cultivar tierras marginales para que se alimentaran. La deforestación y la siembra en predios de mala calidad fue provocando una gran erosión en el territorio.

Pero la explotación de los trabajadores también deterioró el tejido social: A fines del   siglo XVIII había unos 500,000 esclavos, 32,000 colonos blancos y 24,000 mulatos. Se trataba de una sociedad profundamente dividida por color de piel, clase y género.

Muy pronto algunos esclavos huyeron e iniciaron una guerrilla contra Francia. Tal fue la presión que en Enero de 1804 Haití fue declarado independiente y el caudillo se proclamó emperador. Vinieron revueltas y guerras civiles, y tal coyuntura fue aprovechada por España que tomó para sí la mitad oriental de la isla, y la llamó Santo Domingo.

Durante el siglo XIX el país fue cayendo en un caos político y económico singular; pero tenía plantaciones que resultaban negocio para algunos capitalistas norteamericanos. En 1905 los Estados Unidos tomaron el control de las aduanas para proteger sus intereses y en 1915, “por razones humanitarias”, lo invadieron y administraron hasta 1934. Sólo dejaron el control indirecto hasta 1947.

En 1957 llegó al poder un médico rural, François Duvalier, apodado “Papá Doc” que aterrorizó a la población, la controló con mano de hierro con la ayuda de un grupo paramilitar, los Ton Ton Macoutes, hasta 1971. Su periodo se caracterizó por la corrupción y la violencia contra los haitianos.

Previsor que era, cuando se acercó a la muerte, nombró presidente vitalicio a su hijo, Jean Claude (“Baby Doc”) un gordito de sólo 19 años de edad, que gobernó con mano dura y mucha ineptitud hasta 1986 cuando huyó a su exilio francés.

En 1991 fue electo presidente Jean Bertrand Aristide, un sacerdote salesiano con un mensaje de libertad y participación popular. Sus políticas reformistas no gustaron a la elite que controlaba la economía y 8 meses después fue destituido.

En 1995 se eligió a Raúl Preval que gobernó hasta 2001 cuando Aristide ganó de nuevo la presidencia. No tuvo éxito y tuvo que huir del país en 2003. Preval volvió a la presidencia en 2006…

Lo que se puede apreciar es que no había una estructura política sólida, y el terremoto destruyó en lo material a las principales ciudades –seguramente causó pocas muertes en el campo donde viven en chozas de paja y barro–, donde se hacinaba, en anillos de miseria, la mitad de los nueve millones de habitantes.

Se trata de gente que por la lógica absurda de la explotación huyó del campo a encontrar la muerte en las ciudades. Es un ejemplo claro de que los fenómenos naturales afectan más a los que no tienen cómo defenderse…

La tragedia es política, económica, social y de estructuras. La reconstrucción debe ser integral: desde organizar a un país, un gobierno y un estado, hasta proveer de empleo y comida a millones.

Urge la solidaridad, pero también apremia un plan multinacional para hacer de Haití un país viable.
 

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