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Hace unos 9,000 años, en el Asia Menor y la cuenca del Mediterráneo, algunos industriosos ancestros comenzaron a domesticar crías de ciertas bestias a las que solían cazar, y de vez en cuando también huir y escabullirse de sus testas cornudas. El experimento dio resultados y comprobaron que los retoños de esos primeros bovinos eran dóciles y fáciles de domesticar. Se empezó a combinar la agricultura con el pastoreo, con lo que añadieron a su dieta buenas raciones de proteína, en forma de carne, leche y quesos.
Cuenta una leyenda que hace algunos miles de años, un mercader árabe se aprovisionó de leche suficiente para atravesar el desierto. Vertió el líquido en una bolsa hecha con el estómago de un borrego. El calor y el cuajo natural de la víscera, fueron separando el lácteo en suero y cuajada, de tal modo que, después de un tiempo aquel comerciante se encontró con un líquido separado de una sustancia espesa y sólida. Con el suero sació su sed y probó aquella arcaica cuajada, y la encontró buena y nutritiva.
Desde entonces, y por miles de años, se han hecho, y comido, quesos en amplias zonas del planeta. Curiosamente el queso y el vino, que se suelen combinar de manera exquisita en la mesa, comparten también unas características que los hacen con frecuencia sorprendentes: aunque el proceso de fabricación es similar en ambos los resultados dependen del clima particular en que se manufactura, del terreno y minerales del suelo, de las bacterias y enzimas particulares que intervienen en la fermentación de cada uno y, de las prácticas en una comunidad o una región. Además, para coronar la comparación, los quesos y los vinos se pueden consumir jóvenes, pero si se añejan suelen mejorar muchísimo. Esta particularidad se ha traducido a lo largo de la geografía y la historia en una gran variedad de quesos, de diferentes formas y sabores, fruto de ganado, climas y condiciones de almacenamiento distintas y peculiares. En este sentido, cada queso tradicional es producto de un modo de vida y una adaptación ingeniosa de la cultura a un terruño especial. En México la tradición de fabricar quesos es bastante joven, se remonta apenas a principios del siglo XVI, cuando se introdujeron reses a los campos vírgenes para el pastoreo. Se fue desarrollando una intensa actividad en la que la inventiva de nuestros campesinos fue logrando quesos de muy diferente sabor, fuerte personalidad y apropiados para el gusto y las cocinas regionales. Una expresión auténtica de la riqueza cultural de las regiones mexicanas. Ahora todo eso está en peligro gracias a una norma legal (Proy Norm 243) publicada en junio de 2008 en el Diario Oficial, que intenta prohibir la fabricación de quesos con leche cruda en el país. Para la elaboración de la norma en cuestión no se tomó el parecer de los miles de productores de quesos artesanales, ni de los investigadores que conocen y han estudiado dicha producción. Sólo se consultó, en una unilateralidad que sorprende, a la industria de lácteos… Si lo que se pretende es que no hagan daño los quesos, la medida es equivocada: el problema no reside en la leche, sino en hatos enfermos y no controlados por las autoridades sanitarias; y en prácticas de manufactura poco sanitarias. Si las reses son saludables, y el proceso de ordeña, almacenaje y fabricación, son cuidadosos y limpios, un queso hecho con leche cruda resulta tan saludable como uno industrial, y más sabroso. Porque la producción industrial y en serie logra un queso genérico, de poco sabor y menos personalidad que no hace referencia a una cultura y una región, aunque lo intente por medio de simulaciones y saborizantes. La norma en cuestión ignora que en Europa y Estados Unidos se producen muchos quesos a base de leche cruda, que reflejan terruños y culturas, que son diferentes y tienen un sobreprecio porque hacen referencia a su origen geográfico y artesanal. Dice un experto que “con todo esto no se busca la legalidad ni el bien común, sino favorecer a ciertos sectores”, a la industria de lácteos, y se obliga a la clandestinidad a los artesanos queseros. Un absurdo más de regímenes que han optado por ignorar a las mayorías de los mexicanos.
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