| ¿La Ruta del Pesimismo? |
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| Escrito por Ernesto Camou Healy |
| Lunes 08 de Marzo de 2010 23:22 |
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El panorama de la pobreza en el país sólo parece estar empeorando: según datos del Tec de Monterrey, y del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en los últimos cuatro años, de 2006 a 2010, el número de personas que viven en pobreza se ha incrementado en ocho millones. A fines del sexenio de Vicente Fox el total de mexicanos pobres era de 44.7 millones; y ahora, en este año del bicentenario, tendremos 53 millones de connacionales que sobreviven en esas condiciones. Lo anterior apunta a algo que muchos saben sin duda alguna: vamos de mal en peor, y los sucesivos gobiernos, al menos desde los tiempos frívolos de José López Portillo, sólo han logrado deteriorar la situación. Don José, que tuvo la desfachatez de afirmar que fue el último presidente de la Revolución, endeudó con suma irresponsabilidad al país, permitió el saqueo de la banca y luego expropió el cascarón vacío de aquellas instituciones de finanzas, para legar a Miguel de la Madrid una crisis y una estructura de gobierno débil y sin recursos. Pero don Miguel traía a su genio de la lámpara: Carlos Salinas… Éste ideó un plan no para salir adelante como país, sino para llegar al máximo puesto: obedecer al pie de la letra las directivas económicas provenientes del norte: abrir la economía, sin mucha regulación, a la inversión extranjera (aunque fuera capital nómada), abaratar la mano de obra, adelgazar al gobierno y vender la banca al mejor postor aunque no fuera mexicano. Cinco lustros después, de acuerdo a un investigador del Tec de Monterrey, la población tiene un nivel adquisitivo similar al de la década de los setenta, afirmación que conviene matizar, pues si bien el ingreso por persona puede ser similar, es probable que la distribución del valor sea mucho más inequitativa que entonces: digamos que ahora hay un pequeño y muy selecto grupo de personajes y familias extraordinariamente pudientes que son la contraparte de ese inmenso conjunto, más del 50% de los mexicanos, que viven en pobreza. Lo impresionante es que desde don Miguel, asesorado por Salinas, todos los presidentes, hasta Calderón, han mantenido la política de “ahorrar” en salarios y atraer inversión foránea, permitiendo que la mayor parte de los mexicanos gane, cada año, menos que el anterior. Por eso se incrementa la pobreza; por lo mismo, hay unos cuantos que tienen fortunas desaforadas. Tal dinámica ha traído consecuencias extremadamente negativas para México: una, la emigración de varios cientos de miles hacia la economía del norte. Con eso se está solucionando provisoriamente el problema de la sobrevivencia de miles de familias campesinas, cierto, y entran remesas al país; pero estamos perdiendo un recurso básico, la capacidad de producir lo que comemos y el trabajo de millones de mexicanos… En segundo término, la pobreza misma, y la falta de oportunidades de empleo digno, han sido un acicate para que muchos, que juzgan tener poco que perder, se sumen a las filas de la delincuencia y el trasiego de drogas. Al menos ahí tienen ingresos que parecen suficientes… En tercer lugar, eso incrementa la inseguridad y, a pesar de los desatinos de Juan Molinar, eso repele la potencial inversión foránea, con lo que se logra exactamente lo contrario de lo que se pretendía… Una consecuencia más, es que está aumentando la huída del país no sólo de las masas campiranas, sino de segmentos de las clases medias, con buena educación y en edad de trabajar, porque aquí no se les paga lo suficiente, y resulta cada vez más arriesgado salir a la calle… Otra sangría del recurso fundamental para intentar salir del brete, la capacidad de trabajo de los mexicanos. Lo anterior parece configurar un pesimismo acendrado, ciertamente, y conviene aquí recordar una cita de José Saramago que me señaló una perspicaz amiga virtual: "Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay." El único matiz que convendría señalar es que un pesimismo así, que analiza a fondo la situación, es lo único capaz de entender, planear y señalar la ruta adecuada. Es la condición del realismo eficaz. |




