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Es cierto, en Chihuahua hace falta inteligencia PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Alejandro Salmón   
Lunes 14 de Junio de 2010 21:47

 

Van más de 72 horas desde que ocurrió la peor masacre en la historia de la ciudad de Chihuahua, y el gobernador José Reyes Baeza Terrazas no ha dado la cara; tampoco lo ha hecho la encargada de procurar la justicia, Patricia González, mucho menos los  avocados a prevenir el delito, que son el alcalde Álvaro Madero y el secretario de Seguridad Pública, Gustavo Zabre.
Zabre llegó el pasado viernes a lo cómico cuando apretó el paso, corrió por los pasillos del Palacio de Gobierno hasta ser alcanzado por los reporteros, a quienes no les mencionó nada que permita revelar por qué sus agentes no llegaron y, de hecho, nunca llegan a tiempo a prevenir el crimen horrendo ocurrido el pasado jueves 10 de junio, al filo de las 23 horas, en un lugar que ya había sido “marcado” por la delincuencia organizada como un futuro punto de muerte.
 
De las cuatro horas de reunión del gabinete de seguridad, lo único que surgió fue un escueto comunicado de prensa en el que, por cierto, no hay ni una sola línea de condolencia a los familiares de las víctimas.
 
Tal pareciera que es el mismo documento que ha emitido la autoridad en ocasión a las muchas masacres que han ocurrido en los últimos seis años. “Falta labor de inteligencia”.
 
Acaso es en lo único que podríamos estar de acuerdo con el gobernador José Reyes Baeza: falta inteligencia. Vaya que falta inteligencia, porque van seis atentados contra un igual número de centros de rehabilitación, y los encargados de prevenir el crimen ni cuenta se han dado. Iban dos amenazas, por lo menos, contra el centro Fe y Vida, y la “inteligencia” no les alcanzó al menos para ir a hacer una inspección al lugar. De los teléfonos de ese centro salieron llamadas de los mismos internos en los que advertían que se habían ido a meter miembros de una de las bandas más violentas del país, y no la registraron.
 
Mejor andan escanendo los teléfonos de los candidatos o de los periodistas, pero no pudieron detectar las llamadas de auxilio de quienes ahora ya están sin vida, víctimas de la ineficiencia de los encargados de darnos seguridad y protección.
 
Cinco atentados y 44 asesinados después, y los centros de rehabilitación, esos lugares que deberían ser asunto de estado, seguían a merced del crimen organizad cuando el centro Fe y Vida fue atacado. De anda había servido la experiencia de El Aliviane y Anexo de Vida, con 29 muertos entre ambos. De nada sirvieron esas vidas para que el Estado Mexicano acentuara su trabajo de inteligencia sobre esos sitios. La pregunta ahora cual será el próximo centro de rehabilitación atacado.
 
Lo peor del caso es que, ante tanta incompetencia, ante tal charco de sangre, nadie ha perdido su puesto. Ni siquiera el operador de las cámaras callejeras que debió detectar el paso del convoy repleto de asesinos.
 
Es cierto, en Chihuahua, a los gobiernos de todos los niveles les falta inteligencia.
 

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