| Tiempos de Futbol |
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| Escrito por Ernesto Camou Healy |
| Sábado 19 de Junio de 2010 10:23 |
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En la secundaria jugué soccer. En esos tiempos casi no se conocía ese deporte en Sonora y parecíamos bastante extraños, con los pantalones cortos y una playera de colores, frente a los demás chavalos que jugaban, cuando se ponían elegantes, con gorra y franela.
Tiempo después, en la universidad practiqué el futbol americano y no me fue tan mal, recibí pocos golpes y conseguí una condición física bastante regular. Seguí jugando ocasionalmente soccer en mis años en el D. F. y más básquetbol. Nunca fui lo que se llama un deportista apasionado, pero me desempeñé con cierto decoro en los ejercicios a los que me dediqué.
Lo que nunca me atrajo la atención fue ir a los estadios a ver los juegos, ya fueran de béisbol, futbol o cualquier otra confrontación; y verlos en la televisión me suele cansar bastante. Mi lapso de concentración en una justa deportiva difícilmente rebasa la media hora. Las únicas excepciones son algunos juegos de finales en el soccer, en futbol americano y, no demasiado, en las series mundiales.
Sé que soy un aburrido interlocutor cuando alguien intenta entablar conmigo una conversación sobre deportes, y mucho más si el juego en cuestión implica estar sentado en un sillón, frente a una tele, con botanas y cervezas, gritando cuando algún monito casi mete gol. La mera verdad, me sobran la tele y los monitos…
Por eso me cuesta trabajo, ya dije que soy un espécimen raro, el interés, para mí injustificado, en seguir unos enfrentamientos en algún estadio de Sudáfrica. No entiendo la lógica de viajar hasta allá para sentarse en un coliseo y ver empatar, y pronto perder no quiero ser agorero pero soy realista, a un equipo sin demasiados méritos.
No es que me disguste la idea de viajar hacia el meridión africano, pero si algún día puedo desplazarme hasta allá, sería a conocer sus reservas ecológicas, su fauna y flora, ver sus viñedos, tomar sus vinos y sus cervezas, comer platillos inusuales y pasearme por sus playas a observar sus pingüinos, que no pienso ir al polo sur a congelarme para ver a esas simpáticas aves.
Pero hay como 20,000 mexicanos por allá: el puro amor al relajo y a una camiseta endeble. Y debe haber unos cuantos millones también pegados al televisor durante horas y horas, sin perder detalle de los enfrentamientos entre países de los que nunca han oído hablar y ni siquiera saben dónde se encuentran, salvo que están, en estos días, en el sur del continente africano.
Yo confieso que vi casi todo el juego de nuestro país contra el anfitrión: y aprendí algunas cosas totalmente irrelevantes. Por ejemplo, ahora sé que el Conejo Pérez es portero; que Rafa Márquez juega con un equipo europeo, al igual que otros que no recuerdo sus nombres. Vi por primera vez la cara de Cuauhtémoc Blanco y me sorprendí que el técnico se esperara hasta el final para incluirlo. Fue el único con cierta pasión.
Si entendí bien, ahora México debe enfrentarse a Francia y ganarle para seguir en la justa; y luego vendría Uruguay, contra quien Francia, que casi fue el campeón mundial la última vez, apenas empató. O sea que el panorama se va oscureciendo: empezamos, no demasiado bien a pesar de lo que digan en la tele, contra el más débil y no pudimos ganar…
También me di cuenta que los mexicanos mueven bien el balón, hasta me atrevería a decir que muy bien, por lo menos frente a los sudafricanos; pero eso de tirar a gol no se les da. Parecía que les insistieron en que sólo chutaran hacia la portería cuando estuvieran absolutamente seguros de que entraba. Y se esperaron, y demoraron, y se mostraron cautelosos haciendo antesala… me daba la impresión de que los descontrolaba mucho la presencia del portero rival y no querían arriesgarse hasta que alguien lo distrajera o sacara de su área. Y no tiraban a gol hasta que se cumplieran unas condiciones que, por definición, en un buen juego, no se deben dar…
Los sudafricanos movían menos el balón y tiraban más hacia la portería, y fueron tan perseverantes que alguna vez lograron atravesar los arcos. De acuerdo a la lógica que creí discernir de mi observación novata, me dio la impresión de que a ellos nadie les explicó que sólo había que intentar el gol cuando no estuviera el portero…
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