| Gozo y Lutos |
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| Escrito por Ernesto Camou Healy |
| Miércoles 23 de Junio de 2010 13:27 |
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El Gozo: El futbol nacional se cubrió de gloria contra Francia… Eso me obliga a retractarme de mi calificativo de equipo endeble… Y no estoy de acuerdo con quienes dicen que la razón de la victoria es que Francia traía un equipo malón. En cualquier caso, Francia, deteriorada, sigue siendo un rival de peso. Ahora viene Uruguay, cuando usted lea esto ya sabremos el resultado, pero mis obligaciones me llevan fuera del terruño y debo escribir a destiempo. Si Uruguay no pudo vencer a Francia, la lógica nos dice que debemos ganarle, pero si no pudimos con Sudáfrica, que perdió con los galos, lo único que me queda es dar testimonio de mi desconcierto y esperar lo mejor. Ojalá que el “sí se puede” se desbordara a lo político, lo social, lo económico y se transformara en una voluntad nacional de reconstruir la república, aun en contra de algunos partidos y muchos políticos que sólo estorban el intento. Los Lutos: murió Carlos Monsiváis. Con él México perdió a su cronista más lúcido, una mirada a la vez incisiva y cariñosa, irónica y deslumbrante. Monsiváis nos enseñó a ver y comprender a México desde la riqueza de su cultura, y de su cultura popular. Su dicho de que las televisoras transformaron el melodrama en telenovela y que eso afectó a la vida nacional entera, al grado de que los funcionarios y la política mexicana llegaron a comportarse con los cánones y las convenciones de los lagrimones, es un tesoro. Eso, afirmaba, es lo que hace de la política en este país, tan buen espectáculo… Fue irreverente y cáustico con los personajes de la vida pública nacional: con una frase –muchas veces le bastaba sólo citar con tino y precisión el dislate– los ponía en su lugar y desenmascaraba la presunción. Vivió un permanente compromiso con la suerte de las minorías y en una perseverante lucha en contra de las intolerancias. Respetuoso en extremo no tenía el más mínimo recato en protestar, repelar y polemizar con enjundia y aguda inteligencia contra quien no respetara el derecho de los demás… Con sólo unas frases demolía y evidenciaba el ridículo de quienes fingían ser lo que no podían lograr. De un expresidente que se creía mucho más de lo que era, dijo que parecía una estatua con un “playback” constante de sí mismo. Y él fue quien acuñó aquello de “la primer generación de norteamericanos nacidos en México…” para referirse a quienes viven en nuestro país con la mente y la ilusión allende la frontera… Pero esta semana falleció también José Saramago, portugués universal, premio Nóbel de literatura, hombre bueno, comprometido con lo mejor de la humanidad. Sus novelas retratan con fidelidad las angustias y las ilusiones de nuestro tiempo. Por lo general desprovistas de indicadores de tiempo y lugar, al lector no le queda duda que se refiere a su geografía y su historia. Cuando cuenta sucesos y episodios de la historia, de nuevo es posible sentir y comprender que esos relatos particulares tienen una fuerte inflexión en nuestra época y cultura. Su compromiso, sensibilidad y amor hacia la humanidad, sobre todo aquellos que han sufrido, han sido expoliados, a los que han forzado a cargar con los desechos de la disfuncionalidad del sistema económico y político, era profundo, constante y amoroso. Su humanidad inmensa le movía a protestar contra quienes infringían sufrimiento, y a solidarizarse con los desprotegidos. Su ejemplo de hombre bueno debería hacernos reflexionar sobre el compromiso de vivir en sociedad, comunidad y caridad. El Osservattore Romano cometió el error de publicar un obituario, firmado por un Claudio Toscani, donde lo acusó de ser "un hombre y un intelectual de ninguna capacidad metafísica, agarrado hasta el final a su pertinaz fe en el materialismo histórico, alias marxismo" y otras sandeces que sólo evidencian incapacidad para comprender y una acrisolada coraza contra las ideas inteligentes. El diario vaticano demostró voluntad necia de cerrarse a la crítica… Da pena tener que dejar constancia que Saramago vivió con más autenticidad que muchos sepulcros blanqueados, el compromiso cotidiano de amar a sus semejantes: a las personas se les debe juzgar por sus hechos, y nunca con dichos fatuos… |




