Alianzas Insólitas PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Ernesto Camou Healy   
Miércoles 07 de Julio de 2010 08:24

 Hay varias maneras de interpretar los resultados de las elecciones para gobernador en doce estados de la república. Lo más notable no fue que el PRI ganara en nueve de ellos, sino que perdiera en tres, y las circunstancias que lo permitieron; y no se debe olvidar que sólo ganó en algunas precisamente a causa de la división de sus rivales.

En cinco estados hubo un experimento singular: los eternos rivales, el PAN y el PRD, establecieron candidato común para enfrentar al del PRI, y en tres de ellas, se hicieron con el triunfo. No está mal, un 60% parece un promedio exitoso, para ser la primer vez. En Durango, con casi el 98% de las casillas, la diferencia era de menos de dos puntos porcentuales; mientras que en Hidalgo el candidato del PRI venció a Xochitl Gálvez, de la alianza, pero parecería una victoria pírrica, ensombrecida por chanchullos y engañifas de todo tipo.

Y si el priismo recuperó gubernaturas, Aguascalientes y Zacatecas, es obvio que se debió a divisiones profundas, en el seno del PAN, en el primer caso; y en el segundo, el PRD se fraccionó y hubo otro candidato, por otro partido, que cumplió la función de estorbar…

La estrategia de aliarse entre institutos tan disímbolos ha sido muy criticada, en primer lugar porque desdibuja los principios originales de los partidos; pero también porque no resulta posible concebir cómo, quién y bajo qué bases, se gobernará en esas entidades. También se dice que es un maridaje extraño, que sólo pretende oponerse a un rival que vuelve por sus fueros.

 

En algún sentido, hay razón en las críticas, pero es posible responder que la historia reciente nos ha mostrado, sobre todo al panismo y al perredismo, cada vez más nebulosos y, a ratos, más bien oportunistas. El PRI, en cambio, parece seguir fiel a la imagen de sí mismo, lo que causa escalofríos…

 

El asunto de la ideología con la que se regirán las entidades donde gobiernen mandatarios producto de las alianzas se va a dirimir muy pronto, en cuanto tomen posesión; y me sospecho que dependerá más del talante y la capacidad del nuevo gobernador, que de sus convicciones teóricas. En este sentido, el experimento continuará.

 

La última objeción, que son agua y aceite, puede verse de dos maneras distintas: uno, que no son tan opuestos, pues lograron unirse y vencer en tres de cinco; dos, que ya dieron el primer paso hacia un objetivo que no parece descabellado y que muchos consideran urgente: evitar que el PRI vuelva a Los Pinos. Eso es lo que se pretendía cuando Vicente Fox arribó a la presidencia, esa fue la lógica del voto útil. Si sus inepcias, y las de su sucesor, allanaron el camino al ex partidazo, una alianza similar puede cumplir una función parecida a la de aquella papeleta conveniente.

 

Lo que resulta interesante en extremo es ver a dos rivales acérrimos entrar en negociaciones, establecer compromisos, y unirse por un objetivo coyuntural, que consideran válido –y muchos mexicanos urgente. Recordemos que el PAN prefirió siempre acoplarse al PRI, aunque luego lo traicionaran, que acercarse a quien representaba la izquierda.

Pero se reunieron, probablemente porque la lumbre les llegaba a los aparejos, y fueron juntos en cinco elecciones, y tuvieron un éxito aceptable, tanto como para decir que no descartan la posibilidad de una nueva coalición en un lugar emblemático, el Estado de México, donde gobierna Peña Nieto, el aspirante más visible a la presidencia por el PRI.

 

Para entablar tan insólitas asociaciones los líderes se arriesgaron a fraccionar sus partidos, pues muchos no estuvieron de acuerdo en caminar con sus adversarios tradicionales. Eso debe generar un costo que en el PRD ya es evidente; pero también apunta a posibilidades remotas e insospechadas: ¿qué acaso, al unirse coyunturalmente esos conjuntos de panistas y perredistas no están anunciando la posibilidad, remota aún, de una formación política más de centro, que de izquierda o derecha?

Eso cambiaría el espectro político, con dos partidos fuertes en el centro, y otros, más pequeños, ocupando los extremos, izquierda y derecha, en algún modo necesarios, pero que concitan menos entusiasmo en las mayorías. Tiempo al tiempo…

 

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