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"V" o no "V" he ahí el dilema PDF Imprimir Correo electrónico
Lilia Cisneros
Escrito por Lilia Cisneros Luján   
Martes 30 de Junio de 2009 06:49

Vano, “V” = amor y paz, Victoria, voto, son algunas de las conceptualizaciones de ésta “V” de vaca, simplificada en amplia expresión con los dedos índice y medio de la mano humana. En el vaivén democrático que pondera la alternancia como una forma de distribuir el poder por turno, los erráticos de la política, cual sujetos sin domicilio como el vagabundo, y agotadas sus posibilidades de ser incluidos en alguna de las listas de quienes cuentan con la franquicia legal para la postulación de representantes populares, han dedicado su tiempo de vacación forzada, a promover una singular forma de abstencionismo denominada “el voto en blanco”. Como en esencia, el ejercer o no este derecho constitucional para ser parte de las acciones que a cada uno atañen, es una decisión personalísima, más que intentar convencer a alguien de acudir o no a la casilla el próximo 5 de julio, conviene a cada cual razonar el porqué de Votar o no Votar, incluyendo la reflexión de ¿a quien beneficia una u otra alternativa?

Desde la lucha, social en México, que entre otras muchas intenciones tenía la de acabar con un gobierno eternizado en la persona de Porfirio Díaz; el “sufragio efectivo no reelección”, es decir el voto ha tenido un valor intrínseco, social, político y personal. Ser parte de la decisión acerca de la persona que representará nuestros intereses –en el comité escolar, vecinal, del club deportivo, el condominio etc.- es el primer requisito para poder exigir –determinado comportamiento, tales o cuales acciones y claridad en el manejo del recurso- aquello que delegamos en quien hemos elegido. Sería parcial soslayar, que en los grupos sociales, muchos votan sin más ánimo que desafanarse de la parte de responsabilidad social que a cada cual nos corresponde, otros lo hacen movidos por alguna suerte de complicidad y unos más prefieren no lidiar con las consecuencias de haberse equivocado en la elección y, por ello se abstienen.

Abstenerse es una postura cómoda –no me levanto, no hago cola, no me ocupo en suma de ningún ejercicio racional o físico para conocer a las personas ni su circunstancia- que en sí mismo implica ausencia de compromiso y por lo mismo renuncia a la posibilidad de exigir. Para esta elección “intermedia” cuyo principal efecto será renovar la cámara de diputados y en algunos casos cambiar gobernadores, presidentes municipales o delegados, se ha impuesto una corriente que invita a participar pero, anulando el voto. Esta práctica, para empezar no es nueva, en el pasado ha habido ciudadanos votado por Cantinflas o Pedro Infante, aunque nunca las consecuencias han sido útiles.

Anular toda tu boleta con una gran cruz es, en una expresión berrinchuda y no le dirá nada nuevo a los actores de la política activa. Ellos saben que la población está inconforme con la pérdida del poder adquisitivo, el desempleo, los abusos de autoridad, la corrupción, la alarmante inseguridad, la carencia de agua y todo eso por lo que te enojas, te manifiestas, te frustras y te enfureces.  Si el voto nulo fuera parte de una acción concertada, “vamos todos a votar por X o Z”, entonces tal vez lograríamos la anulación de algunas casillas o de cierta elección, pero en los términos presentes cuando mucho hará que los pequeños partidos pierdan su registro y que los grandes lleguen a representarnos con un gran estigma de ilegitimidad.

Lo ideal, lo sano lo maduro es votar, pero hacerlo de forma también, sana, y madura. Para esto se debe conocer a los aspirantes. Hablar con ellos, no con sus partidos, sino con ellos. ¿Qué clase de persona es quien pretende representarte en el Congreso? ¿Cuáles los antecedentes de probidad y experiencia de quien aspira ser tú delegado en el DF? ¡Que flojera! dirán algunos, todos son iguales, afirmarán otros, pero en ese caso asume que no tendrás voz en el aparato institucional reconocido por la ley, ni te asiste el derecho de exigir nada a nadie pues tu no elegiste a ninguno.

Si aun con este razonamiento insistes en votar nulo, no lo hagas en blanco, ni votes por tu actor favorito, recuerda quien ha sido el mejor representante de tu colonia, barrio o delegación y además de marcar con una cruz el recuadro blanco agrega el nombre de ese líder. No cruces la boleta de quien te ha ofrecido un tinaco, una despensa o 100 pesos. Recibe el donativo, pero mantén incólume tu derecho a votar que vale más que todas las prebendas de ocasión ofrecidas por los partidos. Vota, a lo mejor lo haces de formas diversa y eliges al PRI, para ciertos puestos, cruzas el PRD o el PAN para otros y apoyas algún ciudadano que conoces y que fue invitado por las pequeñas fuerzas.

En el sistema actual de organización de elecciones, solo quien haya sido registrado por un partido tiene posibilidades de llegar a una diputación o puesto ejecutivo. Este sistema bueno o malo, es el legal, si eres de quienes piensan que hay que cambiarlo, debes impulsar que lleguen al poder legislativo personas capaces de comunicarse contigo y hacer llegar a la más alta tribuna y a todos lo niveles de gobierno tu opinión. Quizás sabes de algún candidato independiente que está participando, si votas por él no va a ganar; pero seguramente los políticos sabrán que hay un fuerte movimiento buscando el reconocimiento de esa opción, no importa cual sea tu preferencia, por algún(os) partido(s), por candidatos independientes, por tu vecino que ha luchado contigo para tener agua y servicios o por tí mismo; pero VOTA inteligentemente, con la certeza de que tu participación es un paso mas hacia la Victoria del poder soberano, es decir El Pueblo.

 

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