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Marisela Escobedo; todos la trataron como loca PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Ricardo Alemán   
Sábado 25 de Diciembre de 2010 00:00

Luego de que fue asesinada de un tiro en la cabeza, y que su ejecución se difundió en video por todo el mundo, todos conocieron a esa mujer ejemplar, supieron de su lucha y, de manera tardía, se solidarizaron con su causa.
A la tragedia del homicidio de su hija, a lo trágico que resulta que los ciudadanos deban convertirse en Ministerio Público y en investigadores, Marisela Escobedo debió vivir otra tragedia —que debe avergonzarnos a todos—: la de entregar su vida para que su causa fuera entendida, conocida y difundida de manera global. Todo ello en medio de otro hecho no menos trágico: que nada se sabe del criminal de su hija, del sicario que mató a Marisela y de los culpables de la muerte de su cuñado.
Viene a cuento el tema, porque si bien hoy todos hablan de manera elogiosa de Marisela Escobedo, todos reclaman justicia y se solidarizan con su causa, lo cierto es que, hasta antes de su muerte, Marisela era tratada por muchos, literalmente, como una loca, un estorbo, una lata y una persona indeseable. ¿Por qué? Porque igual que Isabel Miranda de Wallace, nunca se rindió, nunca se dio por vencida, jamás se asustó de lo que podría venir.

En Chihuahua, Marisela Escobedo suplicó, rogó, se desnudó, marchó sin ropa por las calles, encabezó pintas, interceptó a funcionarios, tocó las puertas de medios y periodistas… y muchos, casi todos, la tildaron de loca, de indeseable. Era vista como una plaga. El ex gobernador priista de Chihuahua, José Reyes Baeza, y su procuradora, Patricia González, no sólo la ignoraron, sino la ofendieron.

Contrario a lo que ocurrió con la señora Wallace en la Ciudad de México —a quien muchos escucharon, aunque fuera a regañadientes—, a Marisela Escobedo no le creyeron cuando dijo tener pruebas de que el asesino de su hija era Sergio Barraza, la ignoraron cuando presentó como pruebas la declaración donde el criminal revela el lugar donde sepultó el cadáver; cuando localizó al criminal y le ofreció a la policía los datos del lugar donde vivía en Zacatecas, en Chihuahua…

El candidato a gobernador y luego mandatario priista, César Duarte, utilizó la tragedia de Marisela Escobedo con fines proselitistas: dijo que resolvería el caso, prometió y creó una fiscalía especial, pero todo fue verborrea. Cuando ella interceptó al gobernador para reclamarle que cumpliera su palabra, la ignoró. Cuando Marisela Escobedo pidió protección, el fiscal especial del caso ignoró la petición. Cuando Marisela se instaló frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua, y luego de retar al asesino de su hija a que se presentara en ese lugar —creyendo de manera errónea que era un sitio vigilado—, ninguna autoridad de Chihuahua tuvo el cuidado de enviar una vigilancia especial.

El valemadrismo con el que se topó Marisela Escobedo en Chihuahua se repitió a nivel federal. Solicitó audiencia con la figura más alta del poder presidencial, con Felipe Calderón, y no le hicieron caso. Pidió entrevistarse con el procurador Chávez Chávez, y el “hombre gris” no se dignó verla, escucharla y, claro, tampoco atenderla. ¿Cuántos medios de la Ciudad de México difundieron —difundimos en nuestros espacios—, la protesta de Marisela Escobedo ? Unos cuantos.

Hoy todos o casi todos conocen a Marisela Escobedo; muchos conocen su causa; otros tantos se han solidarizado con su lucha.

 Y su coraje, valentía y tesón son emblema de la fuerza de la sociedad civil ante la ineficacia de los gobiernos corruptos, timoratos, ineficaces y abúlicos; su imagen es global… Hoy todos la conocen, pero Marisela , su hija Marisol, y su cuñado, están muertos.

Y mientras a muchos lastima el dolor de esas muertes, siguen en la calle, como si nada pasara, el asesino de Marisol, ese depredador llamado Sergio Barraza; gozan de impunidad los sicarios que mataron a Marisela Escobedo y a su cuñado. Mientras que el resto de la familia de Marisela Escobedo se esconde, no pasa nada con los jueces corruptos e irresponsables que liberaron a Barraza; no pasa nada con el ex gobernador Baeza, con la ex procuradora estatal, con el gobernador Duarte, con los inútiles de sus colaboradores.

Y mientras es un escándalo nacional e internacional el asesinato de Marisela Escobedo, nada han dicho ni el “hombre gris” de la Procuraduría General de la República, el señor Chávez  Chávez, y menos su jefe, el presidente Felipe Calderón. En este espacio, por lo pronto, apelamos al perdón de Marisela Escobedo y de su familia, por no haber entendido la trascendencia de su lucha, para darle el espacio que merecía.

Última actualización el Domingo 02 de Enero de 2011 12:46