De loterías y semejanzas Imprimir
Ernesto Camou Healy
Escrito por Ernesto Camou Healy   
Viernes 19 de Junio de 2009 12:48

Sacarse la lotería, en México y en cualquier país, es una cosa inusitada. Las probabilidades de lograrlo son minúsculas, y parece comprobado que es más fácil volverse una persona pudiente, trabajando (cosa harto difícil, como muchos supondrán) que con un cachito de lotería.
A pesar de eso hay alguien que se ha sacado la lotería, en los últimos tres años, al menos cuatro veces. Se trata, por supuesto, de la líder magisterial, la inefable chiapaneca doña Elba Esther Gordillo…

Resulta que, a raíz de su participación eficaz en los pasados comicios, don Felipe Calderón se ha visto movido, desde lo más profundo de su impudor, a mostrarse agradecido con la maestra. El rumor dice que fueron sus marrullerías y su ejército de votantes automáticos quienes lograron para el ejecutivo actual el milagro de medio punto porcentual que le aseguró una presidencia lábil. Y el chisme va más allá: se asegura que, ante la eventualidad de que su contrincante tabasqueño pudiera aventajarlo, la misma mentora se aseguró de que, en muchas casillas, hubiera más votos por su gallo, y menos a favor del perredista.
Son hablillas y como tales merecen poco reparo; pero si a esas murmuraciones se adosa, como hipótesis explicativa, las decisiones del presidente al nombrar directores de la Lotería dueños de un perfil similar e idéntico, no necesariamente adecuado al puesto, sino a imagen y semejanza de los deseos de doña Elba Esther, se puede pensar, para entender tanta perseverancia, que la señora tiene al señor acorralado y en una especie de secuestro decisorio.
Resulta necesario recordar que en la Lotería Nacional tradicionalmente se colocaba a un personaje cercanísimo, muchas veces entrañable, del mandatario en turno. Su función era proveer al ocupante de Los Pinos de efectivo abundante y sin etiquetas para cualquier eventualidad en el ejercicio de su cargo, y el desempeño de otras funciones, no muy oficiales digamos. Por eso era una chamba codiciada, pues implicaba una complicidad íntima con el mero mero, una oportunidad de quedar bien con la cúpula, y de formar un patrimonio personal.
Pues bien, en este puesto que requiere tanta proximidad personal, don Felipe Calderón ha nombrado, sucesivamente, a cuatro políticos que tienen en común, además de su opacidad, la cercanía e intimidad, no con los Calderón o Zavala, sino con Elba Esther Gordillo. Van ahora cuatro directores de la paraestatal, el primero, Tomás Ruiz, se fue del puesto para ocupar la presidencia del partido particular de la maestra (PANAL); el segundo, Francisco Yánez Herrera, había sido secretario particular de la misma mentora. Cuando renunció, Calderón nombró a Miguel Angel Jiménez Godínez, que había sido presidente de PANAL.
Cuando a Jiménez lo sorprendieron intentando sobornar a ciertos diarios con publicidad a cambio de apoyo a candidatos del PAN en Campeche, tuvo que dejar el puesto vacante, lo que colocó al primer mandatario en la coyuntura de nombrar, otra vez, al director de la Lotería Nacional. Y don Felipe se fijó en las cualidades de Benjamín González Roaro, diputado con licencia, y curiosamente personaje del círculo cercano de la profesora en cuestión.
Tanta coincidencia sólo permite suponer que desde principios de su mandato don Felipe Calderón otorgó a doña Elba Esther la paraestatal como su feudo sexenal. Faltaría saber si el arreglo incluye la necesidad de que la maestra, por interpósito director, le proporcione al ejecutivo las cantidades que éste necesita para aceitar convenientemente el funcionamiento, bastante destartalado por lo que se ve, de la maquinaria del Estado; o bien, si el presidente entregó la administración, los líos y bártulos del cargo, además de las prebendas y remuneraciones posibles, a la maestra, con el encargo de que no haga olas, se sirva con cuchara descomunal, se pague lo convenido y apoye a su gestión.
Que Calderón entregó la Lotería a Elba Esther es sólo una hipótesis, hay que aclarar. Pero las explicaciones alternativas como serían la idoneidad de los nombrados, su prestigio, capacidad y fidelidad al ejecutivo, por poner algunas, no tienen sustento en la realidad…