Medias verdades sobre la violencia en Chihuahua Imprimir
Víctor Quintana Silveira
Escrito por Víctor M. Quintana S.   
Viernes 29 de Enero de 2010 21:09
La guerra de interpretaciones también forma parte de la "guerra contra el crimen organizado”". Aquí exponemos algunos contrasentidos a lo que el Estado mexicano quiere imponer como sentido común sobre la violencia en Chihuahua:
 
1. La inseguridad en Chihuahua es producto del “efecto cucaracha”. La interpretación oficial es que los criminales huyeron al estado luego de comenzar Calderón los operativos conjuntos en Michoacán y Tamaulipas. Es verdad, en parte. Lo que no se reconoce es que los criminales prefirieron huir a Chihuahua porque aquí existían condiciones de impunidad y criminalidad, mayores que en otros estados fronterizos. Chihuahua era ya el primer lugar en homicidios dolosos en el norte en 2006 y de los casi 500 feminicidios cometidos desde 1993 sólo una minoría se habían resuelto.
 
2. "“Se están matando entre ellos”". Gran parte de los cerca de 6 mil asesinatos perpetrados desde que se instauró el Operativo Conjunto, en 2008, pertenecen a las pandillas o a los grupos delicuenciales, y el número de soldados y policías caídos no constituye ni 10 por ciento del total de muertes. Sin embargo, también ha habido decenas de homicidios de ciudadanos y ciudadanas inocentes: periodistas, defensores de derechos humanos, familiares de éstos y de aquéllos, simples transeúntes, personas que opusieron resistencia ante el intento de ser secuestradas. Los hechos rechazan terminantemente la afirmación de que "“si los mataron es porque estaban movidos”".
 
3. El Operativo Conjunto ha producido muy buenos resultados. El Ejército y las procuradurías hablan de cifras espectaculares en cuanto al número de arrestos efectuados, decomisos de armas, incautaciones de droga, de vehículos, etcétera. No obstante, en Chihuahua no ha sido arrestado ningún capo importante de los cárteles ni se ha desmantelado alguna significativa red de lavado de dinero. Por el contrario, se han disparado los delitos que más afectan a la población: en 2007 se denunciaron sólo 21 secuestros en todo el estado; 42 en 2008 y 190 en 2009. En el año 2000 se denunciaron solamente 74 robos de autos en todo el estado; mil 712 en 2006, 3 mil 835 en 2008 y 5 mil 412 en el año que acaba de terminar. Según México Unido contra la Delincuencia tan sólo en Ciudad Juárez durante 2009 hubo un promedio de 760 extorsiones diarias, y el promedio que pagaron los que cayeron en ellas fue de 17 mil 800 pesos.
 
4. La gente que ni la debe ni la teme puede seguir tranquila su vida. La presencia no sólo del crimen organizado, sino también las violaciones a los derechos humanos por ejército y policía han cambiado significativamente los hábitos de la vida cotidiana de este estado norteño: la gente se recoge temprano, han cerrado decenas de restaurantes y centros nocturnos; en el medio rural ya no se programan reuniones por la noche. Miles de empresarios, sobre todo pequeños y medianos, han cerrado su negocio por temor a ser extorsionados, secuestrados, o a que les incendien sus instalaciones. Se ha dañado seriamente la actividad económica y desgarrado aún más el tejido social. Tres mil familias chihuahuenses se han exiliado en El Paso, Texas, seguramente más que durante la Revolución de 1910. Y el efecto combinado de la inseguridad y el cierre de empresas ha hecho que otros miles de familias se hayan regresado de Ciudad Juárez a sus lugares de origen, como el estado de Veracruz o la Comarca Lagunera.

5. La violencia se ha concentrado en Ciudad Juárez. Ciertamente esta ciudad fronteriza que sola cuenta con casi 40 por ciento de la población del estado, es donde se concentra el mayor número de asesinatos y delitos, hasta el punto que en 2009 resultó la más violenta del planeta, con 191 homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes. Pero no se ha hecho la cuenta para poblaciones menores, como Nuevo Casas Grandes, donde en un solo mes hubo más de 15 ejecuciones. O se habla muy poco de la desolada región de la Alta Babícora, en el noroeste del estado, o del terror de las poblaciones rurales donde encontrarse al sicario y estar expuestos a sus agresiones es cosa no de todos los días, sino de varias veces al día.
 
6. No había "“de otra”" más que un operativo como el que se puso en marcha. Si el tejido social de Chihuahua había sido ya seriamente desgarrado por el modelo de crecimiento económico de la maquila. Si el crimen organizado había estado penetrando en las redes sociales de la ciudad y del campo desde hace muchos años, hasta hacerse parte importante de la vida económica de la entidad. Si los feminicidios además de revelar la impunidad de Estado, la existencia de un sistema criminal trasnacional y la complicidad de la policía con ellos, si todo esto era una realidad actuante en Chihuahua, ¿no era mucho mejor diseñar una estrategia multifactorial, integral, social, de salud pública, judicial y policiaca que ofreciera mejores posibilidades de éxito o al menos de contención, en lugar de la "“estrategia”" de amontonar soldados por todos los rumbos de las ciudades? La multiplicación de las medias verdades genera las mentiras completas.