La corrupción ¿Somos todos? Imprimir
Lilia Cisneros
Escrito por Lilia Cisneros Luján   
Lunes 01 de Febrero de 2010 11:14
Del incidente en el BAR BAR, se ha dicho mucho: que el jugador tiene derecho a divertirse, los inspectores venden protección, que la ley de establecimientos mercantiles -empresarios y autoridades- se la pasan por el arco del triunfo, que son cientos los antros en similares condiciones y, hasta salieron a relucir las “supuestas” componendas con los sacrosantos grupos de vecinos. Pero al final del día, con todo y la pontificación de un deportista -que en términos financieros representa una gran inversión perdida para los mercaderes del futbol- hay un pequeño detalle excluido de la impresionante campaña mediática en este asunto y se deriva de la declaración –por cierto ilegalmente difundida dado que es parte de una indagatoria en curso- del testigo encargado de los baños. El incidente se inició cuando el presunto responsable –fanático seguramente de algún equipo, reclamó al extranjero algo vinculado con goles y éste último –seguramente con la bravuconería que produce el alcohol- respondió incluso señalando “a ver jálale” sin imaginar que el otro borracho tiraría del gatillo.
 
Nuevamente nos enfrentamos a efectos y no causas. Todos los días, el ciudadano escucha la ponderación de los supuestos logros del presente atacando a otros, hoy se dice: las escuelas son dignas para los estudiantes, pues se remozaron después del abandono de “antes”. ¿Cuándo fue antes? ¿Los tres años pasados? ¿Los seis de foxiato? ¿Los 13 de gobiernos perredistas en la ciudad capital? El ambiente de confrontación es cotidiano, las campañas electorales no tienen como objetivo hacer llegar a los más capaces al poder legislativo o el ejecutivo, en sus tres niveles, se trata de “derrotar -o meterle goles- al contrario”, “sacar al PRI de los Pinos”, impedir que llegue “el enemigo de México”. ¿Cómo esperar reacciones no rijosas de una sociedad estimulada solo para el pleito? ¿Cuántas de las generaciones, hoy actuantes en la vida nacional, fueron educadas sin la clase de civismo? ¿Por qué no habrían de abusar del poder, si el éxito cincelado en la mente de la tele-audiencia tiene que ver con “Tener” y no con “Ser”? Las justificaciones para el fracaso de ésta política clientelar y de coyuntura no tiene parangón. En Coyoacán por citar un ejemplo, los vecinos hemos de soportar dos “ferias del tamal” una en el Museo de Culturas Populares y la segunda en el parque Frida Kahlo. Cuando los habitantes del barrio de la Conchita fuimos sorprendidos por esta violación al uso del suelo, la ley de desarrollo urbano y muchos otros reglamentos vinculados con el impacto ambiental –se trata de un espacio verde, no de un mercado y las calles de Fernández Leal, Vallarta y Presidente Carranza ya de suyo sufren de problemas viales- la justificación de la trapacería de la directora de fomento económico –Adriana Avalos- fue: “se trata de promover el empleo” ¿De verdad resolverán el problema de empleo de los citadinos, con el uso ilegal de un predio cuyo destino original fue defendido por la ciudadanía durante los tres años de Miguel Bortolini? Seguramente a las autoridades de Coyoacán, les importa un bledo, nuestro primer lugar en obesidad y toda la reglamentación vinculada con el uso ilegal de vía pública –solo en el centro de Coyoacán hay tres puestos ambulantes de tamales, amén de los carritos del empresario que ha gravado los conocidos pregones de “tamales oaxaqueños calientitos” donde las guajolotas –torta de tamal con atole- son la dieta cotidiana de los millones de candidatos a diabetes, infartos y enfermedades conexas. Después de ganar la lucha vecinal a Bortolini, esta feria del tamal, se hacía en los espacios de Walmart ¿Por qué se les quitó la concesión? ¿Tiene esto que ver con “quien da más”? ¿A que ciudadanos culparán de este garrafal error de enero? Y si el espacio diera para más podríamos dar detalles de la lucha vecinal en Tlalpan en contra una gasolinera, la de los habitantes de Tláhuac, que han visto destruidas muchas hectáreas de conservación para la línea dorada del metro o del criminal ataque al pulmón del Ajusco; todo ello mediante el enfrentamiento de grupos como base del éxito de los pescadores a río revuelto.
 
El hecho innegable, es que hoy divirtiéndose sanamente en un bar, circulando en su auto con la desesperación de los embotellamientos, caminado en cualquier calle de la ciudad o utilizando el microbús, usted puede ser privado de la vida o despojado de sus pertenencias, con el riesgo adicional de que no se le haga justicia y hasta el extremo de ser considerado responsable o hasta corrupto ¡y claro! tal vez vislumbre un rayito de esperanza, cuando el presidente de la Nación en un foro internacional lanza la arenga de afrontar los problemas “colectivamente”; siempre y cuando no se le ocurra que dicha colectividad signifique sumarse a las marchas del SME, o de cualquier otro sindicato satanizado por el poder fáctico de los medios, la clerecía –católica, ortodoxa o de otra denominación- y hasta la posibilidad de ser denunciado anónimamente por alguien -vecino, militante de otro partido, jefe o maestro- que no simpatice con su pensamiento.
 
La cultura del enfrentamiento se ha enraizado a tal punto que ahora con tal de ganar, se ponderan las llamadas “alianzas”. De pronto, cual pandillas o porras pseudo deportivas, sin convicción alguna, se juntan las derechas extremas con la izquierda tipo rábano –rojo por fuera y blanco por dentro- únicamente con el fin de derrotar a quien vislumbran como su contrincante común. ¿Para esto gastan los dineros de nuestros impuestos -otorgados a través del IFE- esta caterva unida solamente con el pernicioso fin de ocupar un puesto, más allá de objetivos, programas y derechos ciudadanos? Seguramente, ante la incapacidad para crear empleos, durante las campañas comprarán votos –reforzando la condición de limosneros que han asignado a los mexicanos- y escucharemos toda clase de descalificaciones, que a la hora de la verdad se pasarán por alto HOY que los partidarios del “enemigo de México” están dispuestos a transar con “el espurio”. Poco se difundirá de la deslealtad, traición e inconsistencia de los tránsfugas. Mucho se dirá –como elemento de distracción- de la discusión por la “Reforma del Estado” hasta ayer plagada de dislates y estupideces y, seguramente los noticieros darán cuenta de los eventos rijosos protagonizados por la carne de cañón: un pueblo desculturizado, moldeado para la discusión estéril, el pleito callejero y condenado a ser partícipe de la corrupción.