72 horas...y ¿dónde está el gobierno? Imprimir
Escrito por Alejandro Salmón Aguilera   
Lunes 20 de Diciembre de 2010 00:00

En las casi 72 horas que transcurrieron entre el homicidio de Marisela Escobedo y la primera aparición pública del gobernador César Duarte Jáquez, decenas de cibernautas que nos honran con el favor de su lectura hacían, palabras más, palabra menos, la misma pregunta: “¿y dónde está el gobernador?” A estas alturas la pregunta ya no es dónde está, sino dónde estuvo y a dónde va. ¿En dónde estuvo el gobernador que, como candidato, se jaloneaba las presillas del pantalón para enfatizar su tan mexicana frase, esa que dice “tengo los pantalones bien puestos”?. Los tiene para ir a pararse ante un Congreso a modo y presentar iniciativas de reformas penales que caminan en el filo de la inconstitucionalidad. Ahí sí, ante 19 diputados priístas, ante seis aliados, y ante un perredista que expele un fuerte tufo a priísta; ante seis panistas que hablan entre dientes, ahí sí puede arengar en contra de los delincuentes.

De ahí y a la fecha, no ha vuelto a pronunciar palabra. Tal pareciera que el plomo que le quitó la vida a Marisela; que la cuerda que ahorcó al cuñado de ésta y el humo que quemó su maderería, han asfixiado las palabras del gobernador que exclamó en su toma de protesta que “El poder es para poder”. Es para poder, pero no ha podido contra un mozalbete escurridizo que se les fue de las manos, literalmente. Si la hipótesis de la Fiscalía  General es acertada y Sergio Barraza Bocanegra es el autor intelectual de la agresión contra Marisela Escobedo, pues qué baile les está poniendo, porque ya se las arregló para hacerla matar en el Palacio de Gobierno—la banqueta es parte de la propiedad—y para incinerarle el negocio a la pareja de aquella.
 
¿Dónde está el gobernador que salió, con toda presteza, a acompañar a las familias de las víctimas de la masacre en Horizontes del sur? ¿Dónde el gobernador que acudió diligentemente a ver a los heridos de esos mismos hechos? ¿Dónde quedó el que dijo que no le iba a endosar a nadie los problemas de Chihuahua? Por lo pronto, le endosa al Poder Judicial y a tres jueces ineptos toda esa maraña de ineptitud que permitió el homicidio de Marisela.
 
Pero antes de que los cacha-votos se apresten a usufructuar la muerte en el Palacio de Gobierno, también cabría preguntarse ¿y dónde estaba Arturo Chávez Chávez cuando Marisela Escobedo se plantó frente a la PGR para exigir justicia? ¿Por qué no la recibió? ¿Y en dónde estaba el presidente Calderón cuando, en su misma marcha, Marisela pidió hablar con él, a sabiendas de que el mandatario se encontraba en la residencia oficial de Los Pinos?  ¿Estaba tan ocupado tripulando la elección gubernamental en Michoacán que no pudo atenderla? Lo mejor que ha tenido para ella es un "twitazo".
 
Que no se apreste el panismo oportunista a echarle el cadáver de Marisela al gobierno de Duarte. Más bien debería de tomar la parte del ataúd que le corresponde y cargar juntos con la responsabilidad.
 
El gobernador de los pantalones fajados debe salir y dar, antes que cualquier cosa, una disculpa; luego, una explicación, sí, una explicación de por qué es tan fácil matar a alguien en Chihuahua. Tercero, a asumir un auténtico compromiso de combate a la impunidad. Ahí andan otras madres buscando a sus hijas, a ver si a éstas sí las atiende, pero sin regañarlas, como lo hizo con Marisela.
 
El presidente del  empleo debe salir a generarlos, para evitar que tanto chamaco de 14 años esté dispuesto a matar a cambio de 500 pesos, como lo dice su propia Secretaría de Desarrollo Social. Debe dejar de ser sólo el presidente del empleo… de la fuerza bruta.